El último aliado de Obama

Con menos de seis semanas hasta el día de la elección, el presidente Obama se está beneficiando de una curiosa paradoja. Aunque la economía sigue estando débil según la mayoría de los indicadores, el optimismo del consumidor ha registrado una definitiva, aunque modesta, mejora. El mercado de valores ha subido, como también lo han hecho las tres principales encuestas sobre la confianza de la población -la de Gallup, la de la Universidad de Michigan y la del Conference Board. El contraste sugiere algunas posibles explicaciones: (a) los indicadores económicos van retrasados y la economía está más fuerte de lo que sugieren las cifras; o (b) algo más -las convenciones políticas, la caída en los precios de la gasolina, las últimas facilidades crediticias impuestas por la Reserva Federal- ha creado un poco más de optimismo en la gente.

De cualquier manera, son buenas noticias para el Presidente. El aumento del optimismo del consumidor ha coincidido con mejoras en su tasa de aprobación y un incremento en la distancia que lo separa de Mitt Romney, a quien le lleva la delantera, en la mayoría de las encuestas de opinión. Por supuesto, no hay seguridad de que nada de esto dure. Si las cifras de desempleo de septiembre, que se darán a conocer el 5 de octubre, son deficientes, el sentimiento económico -y las perspectivas del Presidente- podrían revertirse.

Pero por el momento, este clima más positivo sin lugar a dudas, está ayudando a Obama. En septiembre, la encuesta sobre la confianza de la población que conduce el Conference Board se elevó a 70.3 de 61.3 (en un índice de optimismo de 100 para el año 1985). Aunque el índice permanece aún históricamente bajo, ha recuperado niveles más altos que había alcanzado a principios de año. Según Lynn Franco del Conference Board, los consumidores están “considerablemente más optimistas sobre el panorama a corto plazo para las condiciones económicas, el empleo y su situación financiera”. De manera similar, los índices de Gallup y de la Universidad de Michigan se elevaron agudamente en septiembre y ahora están cerca de la marca máxima de este año.

La economista Gail Fosler, que en una época dirigió el Conference Board, atribuye la mejora a “la combinación de un mercado de valores (más alto) y la subida en los precios de la vivienda. La gente está empezando a ver casas que se venden en su vecindario”. El mercado laboral podría estar también más fuerte de lo que indican una serie de informes mensuales de las tasas de empleo. El Departamento de Trabajo informó que las solicitudes de seguro por desempleo cayeron en 26 mil a 359 mil -un nivel a menudo asociado con una caída general del desempleo, porque el aumento de puestos sobrepasó considerablemente a la pérdida de puestos.

Aún así, los indicadores económicos negativos abundan. El jueves, el Commerce Department bajó su cálculo de crecimiento económico para el trimestre marzo-junio de un ya débil 1.7% a un anémico 1.3%. (Las cifras son tasas de crecimiento anualizadas para el trimestre). Alrededor de un 0.2% de la reducción, reflejó los efectos de la sequía en el Medio Oeste; el calor ha reducido las cosechas de granos. Pero también hubo correcciones descendentes de los gastos del consumidor y de las exportaciones.

Igualmente preocupante, el Gobierno informó el jueves una aguda caída del 13.2% en los pedidos de bienes de consumo duraderos -maquinaria, vehículos, computadoras, equipos de telecomunicaciones- en agosto. Dos tercios del declive se debieron a pedidos menores para naves aéreas comerciales, los que habitualmente son volátiles de mes a mes. Pero incluso excluyendo el transporte -que también cubre automóviles y camiones- las órdenes nuevas cayeron en un 1.6%. Y los envíos a clientes cayeron en general en un 3%, mayor declive desde enero de 2009 cuando la Gran Recesión tocaba fondo.

Lo que explica parcialmente la caída es la renuencia de las empresas a comprometerse con importantes proyectos de inversión, expresa Nigel Gault, jefe economista para Estados Unidos de IHS Global Insight, una firma consultora. “Hay mucho por lo que preocuparse -el precipicio fiscal, Europa, la ralentización de China”. Para el trimestre julio-septiembre, IHS pronostica una escasa tasa de crecimiento del 1.5%. Los fabricantes norteamericanos están sufriendo un debilitamiento tanto en las exportaciones como en las inversiones, dice Gault.

Y además, agrega Gault, el freno de las empresas para emprender nuevas inversiones sugiere escepticismo en cuanto a un incremento en la creación de puestos de trabajo. “Si las empresas tienen tanta cautela con respecto a las inversiones, es difícil ver por qué van a sentirse optimistas para contratar”, dice.

Por tanto, estamos ante un rompecabezas: el mayor optimismo del consumidor se contrapone a una conducta empresarial más débil. El resultado de las elecciones podría depender de cómo se resuelve ese rompecabezas de aquí hasta noviembre.