Reforma laboral negociada

Es lo peor del PRI y del PAN en perjuicio del asalariado

La Ley Federal de Trabajo de 1970 necesita cambios urgentes para ponerla al día de los cambios en el mundo laboral. Lamentablemente, estos cambios están ocurriendo en la transición entre dos gobiernos, de manera que lo que debía ser una reforma laboral integral es un acuerdo político que protege los intereses partidarios en detrimento de la mayoría de los trabajadores mexicanos.

El presidente Calderón desde hace años ha propuesto cambios laborales que se enfrentaron con la oposición de la bancada legislativa del Partido Revolucionario Institucional (PRI). El proyecto de flexibilización laboral incluía una sección para hacer más democrática la selección de los líderes sindicales y más transparentes el funcionamiento de los mismos. El PRI no estaba de acuerdo en sacrificar su aparato político basado en la trenza sindical.

Meses más tarde y una elección presidencial después, se empuja por la vía rápida una reforma negociada entre el saliente PAN y el retornante PRI.

En este caso el PAN está promoviendo una agenda con nuevas formas de contratación, subcontratación, el pago por horas y limitación a un año en el pago de salarios caídos. Al mismo tiempo, el PRI logró impedir que los líderes sindicales puedan ser electos por voto libre, directo y secreto.

En resumen, la reforma laboral tiene lo peor de ambos partidos para los trabajadores. Le quita protecciones actuales y le extiende un sistema sindical corrupto.

Es cierto que el marco laboral actual necesita cambios urgentes que faciliten con claridad la contratación como el despido justificado. Hay una flexibilización necesaria ante un sistema herrumbrado.

Sin embargo, los cambios no son garantía de un crecimiento económico tal como lo afirmó el presidente electo Peña Nieto después de que la reforma haya pasado la Cámara de Diputados. La división de una labor entre varias personas da empleo, pero disminuye la riqueza individual si permite un salario más bajo, pagando al empleado por hora en vez de por día.

Con esta reforma, que ahora está en el Senado, Calderón le hace a Peña Nieto un gran favor entregándole una reforma espinosa para que no gaste capital político en ella.

Otra vez el interminable período de transición mexicano de cinco meses entre un Gobierno y otro es la ocasión para los negociados políticos insalubres como este.