El fraude electoral

Sigue la estrategia de querer ganar las elecciones excluyendo a grupos de votantes
El fraude electoral

Pennsylvania, al igual que Texas y Wisconsin, no podrá usar la ley estatal de identificación del votante porque los tribunales consideraron que excluía votantes. La decisión es justa porque estas leyes fueron aprobadas con el fin de beneficiar un partido en vez de combatir el fraude electoral.

Todo comenzó con decisión judicial de 2008 que determinó que una ley de Indiana sobre la identificación del votante no era “una carga excesiva”. A partir de ahí, y con la victoria republicana de 2010 en varios Estados, se aprovechó el fallo para lanzar una campaña contra el problema, realmente menor, de fraude en la urna por parte del votante ilegal.

Algunas de esas leyes son las que están siendo puestas ahora en el congelador porque las legislaturas impusieron la exigencia de un documento sin hacer nada para facilitar su acceso al mismo y se hicieron preferencias electoralistas al aceptar una credencial sobre otra. De esta forma se dificultó la participación electoral de los estudiantes, los retirados, los más pobres y las minorías.

Un reporte de News21, un proyecto de reportaje investigativo de Carnagie Knight, halló que entre 2000-2010 se reportaron 2,068 casos de fraude electoral, siendo solamente 10 sobre identidad falsa del votante. También se reportaron 491 casos de fraude en la votación por correo, y 400 por fraude en el registro de votantes, sin embargo, ninguno de las dos áreas preocupa a los republicanos.

Es irónico que precisamente el fraude en el registro de votantes sea el escándalo que involucra al Comité Nacional Republicano al contratar un servicio de ese tipo que ya había tenido problemas en el 2004. Hoy volvió a repetir el registro de falsos republicanos en numerosos estados claves como Colorado, Florida y otros más. En el condado de Riverside, California, aunque no relacionado con el caso anterior, también se registraron falsos republicanos.

Es lamentable que el Partido Republicano (GOP) haya optado desde hace décadas atrás por desanimar y bloquear el voto como una estrategia electoral, bajo el argumento de “prevenir el fraude”.

Todavía está el recuerdo en 1988 cuando guardias de seguridad privada contratados por un candidato republicano estatal intimidaban a los votantes latinos en el condado de Orange. A nivel federal el GOP ya había firmado en 1982 un decreto de consentimiento para eliminar los programas de “seguridad electoral” en los precintos de minorías.

Hoy no hay guardias, aunque en Houston un grupo de simpatizantes del Tea Party, King Street Patriots, hostigó en las urnas en 2010 a los votantes de minorías y lo planea hacer a lo largo del país en la elección de noviembre. Y por supuesto también hay leyes de identificación del votante.

Es lamentable para nuestra democracia que hasta el día de hoy, después de varias décadas desde la aprobación de la Ley de Derechos del Votante, todavía haya este tipo de estrategias. Que los planes en vez de estar centradas en ganar adeptos, se busque ganar elecciones cambiando reglas y excluyendo votantes.