Una historia de ciberbullying puede terminar en suicidio

John Halligan, un padre que perdió a su hijo quien se suicidó a causa del ciberbullying que sufría, advierte sobre los peligros de no monitorear la actividad de los hijos en Internet.
Una historia de ciberbullying puede terminar en suicidio
Los padres deben estar alerta ante el ciberbullying.
Foto: Agencia Reforma

El acoso que un niño o jovencito puede sufrir, ya sea en el salón de clases o en línea, no debe tomarse a la ligera porque, incluso, la agresión puede tomar tintes de tragedia.

Si alguien lo sabe es John Halligan, quien desde 2004 se ha dedicado en cuerpo y alma a darle visibilidad al bullying y al ciberbullying, combinación de situaciones desafortunadas que llevaron a que su hijo, Ryan, se suicidara a los 13 años.

La campaña de prevención y el testimonio que ha tocado ya miles de conciencias, conocida como Ryan’s Story, lo llevó recientemente a México.

“La cuestión con el bullying y el ciberbullying es que está en todas partes, en todo el mundo, no sólo en un estrato social o en las escuelas de cierta ubicación geográfica”, señala Halligan en entrevista telefónica desde Chicago.

Su charla la da tanto a estudiantes como a padres, para hacerles ver lo que pudiera estar sucediendo en su casa sin que lo sospechen.

“Considero que hay muchos papás que siguen pensando que sus hijos son unos perfectos angelitos. Asumen muy rápido que nada malo les va a pasar”, dice el conferencista.

Eso le sucedió a él, cuando pensó que los “bullies” que estaban acosando a su hijo desde quinto grado habían desistido ya, sin saber que por internet una historia diferente se desarrollaba.

“Lo que la tecnología hace es que permite que alguien, cobardemente, diga cosas escondido detrás de la pantalla de la computadora o del teléfono, escribiendo mensajes que nunca se atreverían a decir en persona. Facilita el acoso ahora más que hace 30 años”, considera Halligan.

Con sus charlas, el exingeniero de IBM busca compartir con los papás los errores que su familia cometió, la forma en que manejaron los problemas de su hijo, además de evidenciar los signos de la depresión y el suicidio en menores.

A los estudiantes, desde primaria hasta prepa, busca llegarles al corazón.

“No voy a sermonearlos, sólo voy a contarles una historia, contada de primera mano por un papá. Y mi objetivo es llegarles al corazón, que creo que he cumplido”, dice.

Tras siete años de recorrer planteles educativos, Halligan ha detectado que las escuelas están haciendo un mejor trabajo para prevenir el bullying dentro de sus instalaciones.

“El mayor problema, el que está creciendo, es el acoso que ocurre fuera de la escuela, el ciberbullying, que sucede en casa a través de la computadora. Eso crea problemas en las aulas porque los niños llegan tristes por la mañana por lo que vivieron la noche anterior en línea”, indica.

“Desafortunadamente, veo que este problema va de mal en peor porque los papás, en general, no le prestan la suficiente atención a sus hijos, a pesar de que les dan tanto acceso a la tecnología a una edad temprana”, considera.

Al ser niños los que están detrás de las pantallas de computadoras, teléfonos o tabletas, suelen cometer errores por su inmadurez. Estas herramientas tecnológicas le han abierto una puerta más a la crueldad entre los estudiantes de secundaria, que es cuando por lo regular inicia el acoso.

Algunas de las reglas que recomienda a partir de la retroalimentación que recibe de los estudiantes es limitar el tiempo de acceso a internet, especialmente por las noches.

“Desafortunadamente, hay muchos niños que tienen acceso a sus aparatos todo el tiempo, por lo que están conectados desde muy temprano en la mañana y hasta muy tarde por la noche, sin que los papás se den cuenta porque ya se fueron a dormir”.

Y no sólo hay que vigilar la computadora de la familia, sino también los dispositivos móviles que ahora usan, como los iPads y smartphones.

“Si les permiten usarlos, les sugiero que cerca de la hora de dormir se los recojan y los guarden en su cuarto, y hasta la mañana siguiente se los entreguen para que puedan tener una buena noche de sueño”, recomienda Halligan.

En las escuelas de Estados Unidos se le han dado atribuciones para detener el acoso escolar dentro de sus instalaciones, a partir del cabildeo que ha hecho Halligan, como en Vermont, estado en donde residía la familia cuando Ryan vivía. Ahí se aprobaron leyes para prevenir el acoso y el suicidio.

Incluso, ya hay una ley que le permite a las escuelas tener inferencia en lo que sucede dentro de sus instalaciones, pero también fuera de ellas para prevenir el ciberbullying”, señala.

Aún así, el rol de los padres nadie lo puede sustituir, pues son ellos finalmente quienes deciden qué reglas ponen en casa sobre uso de gadgets, incluso pueden prohibir el uso de internet aunque sus hijos les reclamen.

“Los padres pueden decir ‘no’. Es su decisión”, reitera Halligan.

El conferencista continuará con su programa de charlas exitosas. Sabe que los son gracias a la retroalimentación positiva que recibe.

“Los estudiantes parecen sensibilizarse honestamente con la historia de Ryan. Cuando me estoy retirando, constantemente escucho disculpas entre los chicos”, dice con orgullo.

Más información sobre Ryan’s Story en: www.ryanpatrickhalligan.org

John Halligan, papá convertido en activista contra el bullying y ciberbullying, comparte reglas a para evitar que los hijos sean víctimas:

-No colocar computadoras en la habitación del menor. Las computadoras deben estar en un área común de la casa.

-El menor debe compartir la contraseña con sus padres. Así los papás pueden percatarse si su hijo sufre acoso.

-El niño o adolescente tiene que estar consciente del peligro que representa compartir fotos o chatear con extraños.

-Los menores deben tener un límite de tiempo, definido por los papás, de acceso a internet.

-No permitir que el hijo entre a su habitación con gadgets, principalmente a la hora de dormir.

-Antes de comprarle un teléfono o gadget con internet al menor, preguntarse: ¿realmente lo necesita?, ¿tiene la edad adecuada para tenerlo?, ¿estoy aceptando sólo porque “todos sus compañeros tienen uno”?