Debate con claro ganador

Volvemos a tener una elección reñida y de nuevo cualquiera puede ganar

Los debates presidenciales en Estados Unidos a veces han sido determinantes en el resultado de las elecciones. En estos casos, casi siempre, uno de los participantes tiene una frase memorable o comete una falla irreparable.

No recuerdo debate presidencial desde el famoso intercambio entre el entonces vicepresidente Richard Nixon y el senador demócrata John F. Kennedy en 1960, en el cual el lenguaje corporal haya marcado una diferencia tan marcada como en el debate presidencial del miércoles en la noche.

El candidato republicano Mitt Romney, de acuerdo a la gran mayoría de los analistas políticos derrotó al Presidente Barack Obama. Romney estuvo a la ofensiva, confrontando con mirada fija y palabras duras al presidente. Obama por su parte parecía opacado. Miraba a sus notas, estaba cabizbajo. No estaba a la altura a la cual tiene acostumbrado a sus seguidores.

Tom Brokaw, quien por décadas presentara uno de los principales noticieros nacionales en Estados Unidos, dijo que Obama había estado “ausente”. Agregó que su presencia y respuestas fueron totalmente “inadecuadas”.

Los partidarios del Partido Demócrata, entre ellos James Carville, asesor principal de Bill Clinton, y Chris Matthews un comentarista que no oculta su favoritismo por Obama estaban insultados.

Hasta el miércoles en la noche Obama iba ganando las elecciones de calle. Después de su actuación en el debate, los republicanos hoy por los menos gozan de una nueva oportunidad.

Matthews y Carville dijeron que el presidente estaba disminuido; aplastado. Hacía muecas. Estaba molesto. Daba la impresión que no quería estar en frente de las cámaras hablándole a más de 65 millones de televidentes.

Los Republicanos por su parte estaban celebrando su “primera” gran victoria de esta contienda electoral. Su candidato Romney dio una presentación presidenciable. Estuvo a la altura del presidente; lo increpó y el presidente no tuvo una respuesta adecuada.

Hoy los republicanos salieron a la calle en busca de más dinero y de más votos. Impulsados por la actuación de Romney anoche los republicanos creen que tienen nuevas oportunidades de una victoria en noviembre.

Si me preguntaran les daría un consejo. Es demasiado temprano para cantar victoria. Todavía faltan dos debates presidenciales y uno entre los candidatos a la vicepresidencia el demócrata Joe Biden y el republicano Paul Ryan.

De la misma forma que en el primer debate Romney se robó la noche, la cosa puede dar un vuelco inesperado en los debates restantes. Además todavía falta por ver las cifras del desempleo de septiembre que serán anunciadas este viernes y las de octubre que salen el viernes antes de las elecciones.

Por último, la ventaja de Obama sobre Romney en los estados claves, aquellos que pueden decidir la elección, todavía favorecen al presidente y en muchos de ellos por un margen grande.

Los republicanos no deben celebrar y los demócratas tienen que volver a la pelea. Volvemos a tener una elección reñida y de nuevo cualquiera de los dos candidatos puede ganar.