Sin hogar y en poca libertad

Sus defensores se dicen indignados por las ordenanzas de varias municipalidades
Sin hogar y en poca libertad
Don Matyja, veterano del ejército, ha recibido varias multas por fumar en el parque de Costa Mesa en el que tiene su campamento dado a que una ley entró en vigor a comienzos de este año.
Foto: AP

COSTA MESA.- Don Matyja, veterano del ejército, se manejaba bien en las calles de esta ciudad situada en la zona suburbana del Sur de California hasta que lo multaron por fumar en el parque.

Matyja, que desde hace casi dos años vive en la calle luego de ser desalojado, tuvo dificultades para pagar la infracción y comparecer ante el tribunal y ahora la multa de 25 dólares ha aumentado a 600 dólares.

Una infracción como esa es uno de los tantos nuevos desafíos a los que se enfrentan Matyja y los demás desamparados que viven en las calles del condado de Orange, donde muchas municipalidades han aprobado ordenanzas que prohíben todo tipo de actividades -desde fumar en el parque a dormir en automóviles y apoyar bicicletas en los árboles- en una región mejor conocida por sus playas que por los 30 mil desamparados que alberga.

Desde hace tiempo también la ciudad tiene dificultades para lidiar con los desamparados, pero las nuevas ordenanzas de este lugar reflejan lo que los defensores de los desamparados califican como una avalancha de normas en todo el país mediante las cuales las municipalidades intentan lidiar con los desamparados que viven en sus calles dentro de presupuestos cada vez más limitados. Las reglas pueden pasar desapercibidas para la mayoría, pero los desamparados afirman que dichas reglas _las cuales penalizan las actividades diarias que no pueden evitar- son un intento mínimamente encubierto para expulsarlos de la ciudad y enviarlos a otra.

El año pasado se observó un gran incremento en la cantidad de municipalidades que aprobaron ordenanzas en las que se prohiben varias actividades en propiedad pública, como sentarse, acostarse, dormir y pararse en una calle pública, vagabundear, orinar en público, cruzar la calle en lugares no permitidos y mendigar, señaló Neil Donovan, director ejecutivo de la Coalición Nacional para los Desamparados.

“Claramente está más generalizado y tiene un carácter más hostil. Creo que podemos encontrar ejemplos de esto en el pasado pero ahora no es que esté aumentando en cantidad solamente, sino que también está aumentando el grado de severidad y la estrategia diseñada en contra de las personas sin hogar en Estados Unidos”, señaló Donovan, que lo consideró como un tema de derechos civiles.

“Ya conocemos los casos de perfil racial donde figura el concepto de manejar y ser negro. Esto es algo similar, es el concepto de sentarse y estar desamparado”.

A comienzos de este año Denver votó a favor de declarar como ilegales los campamentos urbanos a pesar de las protestas de activistas en defensa de los desamparados. En junio Philadelphia prohibió las campañas de alimentación en parques públicos, pero la ordenanza quedó en suspenso el mes siguiente luego de que algunos grupos en defensa de los desamparados entablaran una demanda contra la municipalidad. Y en la avenida principal de Las Vegas se estableció un nuevo horario en el que las mascotas pueden acompañar y ayudar a sus dueños a pedir limosna .

Matyja ha recibido varias multas por fumar en el parque de Costa Mesa en el que tiene su campamento dado a que la ley entró en vigor a comienzos de este año.

“Cuando era parte del Servicio Militar era alguien valioso. Cuando trabajaba, era alguien valioso. Pero ahora que no trabajo y estoy en la calle soy basura para estas personas”, dijo el hombre, de 50 años, mientras caminaba por una hilera de céspedes bien cuidados en un día caluroso. “Consideran que si no nos ven, entonces el problema no existe y se puede decir, ‘No tenemos un problema con los desamparados’”.

La Biblioteca Pública de Newport Beach, ubicada en una ciudad costera más conocida por el surf y las millas de playas anchas, actualizó recientemente una política que establece que el personal puede desalojar a alguien de la biblioteca por motivo de mala higiene o fuerte aroma. Esta política también prohíbe tumbarse en los muebles de la biblioteca y establece límites estrictos sobre el estacionamiento de carritos de supermercado, bicicletas y otros “medios de transporte con ruedas” fuera de las instalaciones.

Cynthia Cowell, directora del Departamento de Servicios de la biblioteca, insiste en que la política no está diseñada contra los desamparados; sin embargo, las medidas generaron indignación entre los defensores de los desamparados.

“Han sido muy creativos e intentan encubrir el tema, por ejemplo, al usar el término ‘aroma fuerte’, saben que también se puede referir a perfume, pero en definitiva es un intento por mantener alejadas a las personas con las que el vecindario y la comunidad no se sienten incómodas”, señaló Scott Mather, director de Haven, un programa para personas desamparadas en situación crónica del condado de Orange.

Algunas ciudades han experimentado consecuencias negativas al enfrentarse a demandas judiciales entabladas por grupos en defensa de los desamparados. La semana pasada una persona desamparada obtuvo en Sacramento cheques por montos de entre 400 y 750 dólares cada uno como forma de poner fin a la demanda colectiva que se entabló después de que la policía destruyera la propiedad incautada durante una operación de limpieza. En un caso semejante, un tribunal federal de apelaciones dictaminó el mes pasado que la ciudad de Los Ángeles no puede incautar propiedad de los desamparados que se encuentre en la acera y esté provisionalmente sin vigilancia.

Para las ciudades que tienen una gran cantidad de desamparados la solución implica transitar por una cuerda floja entre las quejas de los votantes y la posibilidad de una demanda judicial.

En Costa Mesa, una ciudad de unos 110 mil habitantes ubicada al sur de las famosas playas del condado de Orange y la meca turística de Disneyland, las autoridades han intentado decidir qué hacer con la población de unos mil 200 desamparados, incluyendo unas 120 personas desamparadas en situación crónica con problemas graves de salud mental y/o abuso de sustancias.

Los residentes se quejan regularmente de los desamparados de Lions Park, un gran espacio verde en el centro de la ciudad donde se encuentra la biblioteca, el centro de recreación y una alberca de la comunidad. La ciudad recibió denuncias por casos de personas que se masturban y orinan fuera de las ventanas de la biblioteca, se bañan en la fuente del parque y miran sugestivamente a los niños que asisten a clases en el centro de recreación, señaló Rick Francis, subdirector general de la municipalidad.

Hace pocos días decenas de desamparados se tumbaron sobre mantas en el parque o se sentaron cerca de las bicicletas apiladas con bolsas de plástico, frazadas, sacos de dormir, y en un caso, una valija de gran tamaño ubicada sobre el manubrio de la bicicleta. Un hombre que parecía encontrarse bajo los efectos de sustancias tóxicas mendigaba fuera de la biblioteca pidiendo cigarrillos a los transeúntes.

Otro hombre, que escuchaba una radio portátil, dijo que había salido de la cárcel la semana pasada y no tenía dónde ir.

“Recibimos muchas quejas de residentes que piensan lo siguiente: ‘Aquí hay un recurso municipal que tenemos miedo de usar porque no queremos que nuestros hijos jueguen en un parque donde tienen que pasar por encima de los desamparados y todas sus pertenencias’”, señaló Francis.

“No estamos pidiendo que se vayan todos, pero queremos poder venir al parque y disfrutarlo sin tener que ver pilas y pilas de objetos por todas partes, excrementos humanos desparramados por todos lados, este tipo de cosas”.

La primavera pasada Costa Mesa formó un equipo especializado para los desamparados, que decidió seguir la estrategia “de persuasión e imposición”, dijo Muriel Ullman, asesora en temas de vivienda de la municipalidad.

La municipalidad espera construir más viviendas asequibles con fondos de un subsidio federal y recursos del condado, y contrató un trabajador de salud mental para conectarse con los desamparados en situación crónica. También estableció acuerdos con las iglesias locales para organizar un depósito donde los desamparados puedan guardar sus pertenencias para evitar que se las confisquen, señaló Ullman.

Pero Costa Mesa también aprobó una serie de ordenanzas nuevas, entre ellas la que prohíbe estacionar bicicletas en cualquier lugar que no sea un aparcadero de bicicletas de la municipalidad, fumar en el parque y dormir en el parque después de que oscurezca, afirmó. La municipalidad también gastó 60,000 dólares para demoler una glorieta que atraía a muchos desamparados, pidió a las iglesias que dejaran de organizar campañas de alimentación en ese lugar y contrató a dos guardaparques para vigilar la zona.

La semana pasada, las declaraciones del alcalde provocaron indignación ya que calificó las campañas de alimentación para los desamparados como una molestia y pidió que la municipalidad investigara a algunas organizaciones de beneficencia que llevan varias décadas de trayectoria allí.

Los críticos afirman que Costa Mesa está “intentando deshacerse de los desamparados, pero en realidad, lo que intentamos hacer es ayudar a aquellas personas que desean recibir ayuda, y si alguien no quiere ayuda, y lleva varias veces negándose a recibir ayuda, entonces queremos que el sistema judicial se encargue de ellos”, dijo Ullman.

Los defensores de los desamparados que han observado el establecimiento de las ordenanzas en Costa Mesa y en otras ciudades aledañas tienen sus dudas.

El alto costo de vida en el condado de Orange, además de la aguda escasez de viviendas asequibles y la falta de refugios, hace que para muchos desamparados sea imposible volver a organizarse y superar este momento, dijo Bob Murphy, encargado general de la organización local sin fines de lucro American Family Housing (Viviendas para la familia de EE. UU.). La mayoría terminan migrando de una ciudad a otra para evitar problemas, dice.

En Costa Mesa, un informe municipal reciente indicó que hacen falta más de mil camas en refugios de transición solo para la población de la ciudad.

“Se trata de personas. No son como los perros, que sale la perrera, los atrapa y los lleva a otro lugar”, dijo Murphy. “No tienen dónde ir”.