sádico pero muy religioso

MÉXICO, D.F.— “Señor, escucha mi oración, atiende a mis plegarias, respóndeme, tú que eres fiel y justo”. Heriberto Lazcano “El Lazca” se golpeaba el pecho con el Salmo 143 de la Biblia inscrito en oro en la iglesia donde fue benefactor de su pueblo natal, Apan, Hidalgo, donde creció en la pobreza como devoto especial de Juan Pablo II y la virgen María.

Al tiempo que patrocinaba al templo hidalguense “San Juan de los Lagos”, construido en el barrio de su infancia, se consolidaba como líder de la organización criminal de los Zetas a punta de sangre y fuego y hasta asumir el poder después de la muerte en 2002 de Arturo Guzmán Decena (Z-1), en un atentado en Matamoros, Tamaulipas, y la captura de Rogelio González Pizaña(Z-2 y/o El Kelin),en 2004.

Entre las leyendas de su monstruosidad destaca la existencia de un zoológico donde criaba tigres, leones y todo tipo de felinos que él mismo alimentaba con carne de personajes incómodos –principalmente policías- despedazados para satisfacción de su venganza y del estómago de sus mascotas.

Bajo el mando de “El Verdugo”, como también se le conocía, los Zetas protagonizaron los escenarios más inhumanos registrados en la historia el país como la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, y el incendio del casino Royal en Nuevo León donde murieron calcinadas, asfixiadas o quemadas vivas 52 personas.

Víctimas que lograron escapar de secuestros masivos han revelado a organizaciones católicas en Saltillo, Coahuila (una de sus zonas de operaciones) que los subordinados de El Lazca obligaban a alguno de los rehenes a matar a otro a golpes para intimidar al resto y cobrar rápidamente el rescate.

Lazcano militó durante siete años en el Ejército mexicano donde alcanzó el grado de cabo de infantería antes de unirse en 1998 a los Zetas como grupo de protectores de élite de Osiel Cárdenas Guillén, líder del cártel del Golfo.

Tenía 24 años cuando la Secretaría de la Defensa Nacional registró su baja como parte del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales.

Trece años después, al mando de Lazcano, los Zetas se separaron de sus jefes del Golfo después de una progresiva separación: los ex militares habían diversificado el negocio de la venta y trasiego de droga al secuestro, la extorsión, cobro de piso y desapariciones.

De acuerdo con un perfil divulgado por la Procuraduría General de la República, el líder Zeta abatido por marinos el pasado lunes es un hombre irascible, traicionero y asesino a sangre fría por quien se ofrecía 2.3 millones de dólares en México y cinco millones en Estados Unidos justo cuando su nombre más brillaba en una placa de donante de la iglesia construida en honor de la virgen de San Juan de los Lagos.