Temen venganza por muerte de Lazcano

Incertidumbre en Coahuila tras caída de líder de los Zetas
Temen venganza por muerte de Lazcano
La Marina mostró el cadáver del líder de Los Zetas.
Foto: EFE

MÉXICO, D.F.— “Ahora nuestra seguridad está temblando”. Pedro Pantoja, fundador del albergue Belén Casa del Migrante y sacerdote activista a favor de los derechos humanos en Coahuila describió en una frase el sentir en las calles del noreste del país tras la captura y muerte del líder del cártel de los Zetas, Heriberto Lazcano, alias Z-3 o El Verdugo.

“Hay balazos por todas partes y no sabemos qué va a pasar, estamos en la incertidumbre porque los criminales a quien menos respetan es a la sociedad civil”.

Lazcano era la cabeza e instructor de un ejército de sanguinarios capaces de matar a golpes, desmembrar troncos humanos, torturar, decapitar y quemar a gente viva.

La respuesta a cada ataque a la organización es feroz y se teme una escalada de asesinatos, principalmente en Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Zacatecas, donde comanda sus operaciones que se extienden en19 estados.

Desde la madrugada del lunes los Zetas contraatacaron con un comando armado que sometió al personal de la funeraria donde se encontraba el cuerpo de El Lazca en Sabinas, Coahuila, e impidió así a la Secretaria de la Marina determinar en las primeras horas si se trataba del capo u otra persona.

Fue hasta ayer por la mañana cuando a través de un comunicado de prensa confirmó que pudo determinar la identidad “según las bases de datos dactilares de las huellas de los dedos pulgar, índice y medio, tomadas de la mano derecha” de Lazcano, de “1.60 metros de estatura” y “nacido en 1975”.

Al medio día, el presidente Felipe Calderón expresó un reconocimiento a la Secretaría de la Marina porque los indicios “indican con claridad que Lazcano fue abatido, resistiendo a la autoridad como consecuencia de un operativo”.

Los marinos acorralaron al “Lazca” el pasado domingo en Progreso, en la región carbonífera coahuilense.

Fue sorprendido mientras veía un partido de beisbol, aunque llevaba consigo dos armas largas, un tubo lanza granadas, 12 granadas, un tubo lanzacohetes con dos cohetes, cargadores y cartuchos.

Respondió el cerco a granadazos e intentó huir hasta que cayó muerto junto con uno de sus acompañantes, según la versión oficial.

Desde junio fueron arrestados algunos de sus operadores financieros clave. En Estados Unidos, acusado de lavar dinero en Texas y Oklahoma con la compra, venta y apuesta de caballos, José Treviño González, hermano de Miguel Ángel Treviño Morales Z-40, segundo al mando de los Zetas.

Ese día enMonterrey capturaron a Francisco Treviño Chávez, también sobrino de Z-40, a Eric Jovan Lozano Díaz, “El Cucho”, en posesión de más de un millón de dólares.

El 26 de julio, en el Distrito Federal, siguió la aprehensión de Jesús Rosas Ibarra, “El Mustang”, quien portaba 1.6 millones de dólares en efectivo. Presuntamente lo delataron dos compinches arrestados horas antes: Rafael Antonio Medina Rea “El Rata” y Ricardo Fuyivara Romero.

Sin “El Lazca”, la organización queda en manos de Treviño Morales, quien aparentemente ya disputaba el mando.

Z-40 es famoso por su crueldad: se le achaca, por ejemplo, la autoría intelectual del cercenamiento y exposición al público de 49 troncos de rivales asesinados en Cadereyta, Nuevo León, en mayo pasado.

Además se le endosa la orden de matar con dos tiros en la cabeza al hijo del ex dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, en días pasados, como represalia por la muerte de Alejandro Treviño Chávez, uno de sus sobrinos y colaboradores.

Treviño Morales y el fallecido Lazcano desertaron del Ejército para unirse al narcotráfico como sicarios del cártel del Golfo hasta que diversificaron sus actividades al secuestros, extorsiones, derecho de piso, robo de combustible, desapariciones y persecución de migrantes. En 2010 eran ya una organización independiente y una de las más violentas de la historia del crimen.

Jorge Fernández Menédez autor del libro De los maras a los Zetas: los secretos del narcotráfico explica por qué la apuesta de este último por el terror: “Ya no se trata de ascender con el esfuerzo y la lealtad, como en las viejas organizaciones sino de destacar con crueldad y violencia para ocupar lo más rápidamente posible los numerosos huecos que quedan en la lucha contra las autoridades.