Guatemala, Belice, y verdades a medias

El caso del guatemalteco que murió baleando el 4 de octubre en Belice dejó un rastro de verdades a medias.

Guatemala y la Organización de Estados Americanos (OEA) insisten en que Francisco Quim estaba en la zona de adyacencia (que ocupa un kilómetro a cada lado de la frontera). El Canciller de Belice Wilfred Elrington -sorprendentemente- no desmintió esa versión en su visita a Guatemala este mes, aunque el 5 de octubre el Principal Oficial Ejecutivo del Ministerio de Seguridad Nacional de Belice, George Lovell, habló de dos hechos que no aparecen en las noticias en Guatemala: (1) que Quim no fue baleado en la zona de adyacencia sino “8.1 kilómetros tierra adentro de Belice”, y (2) que en varios casos los invasores guatemaltecos, como Quim, se reúsan a entregar las armas, e intentan disparar contra los soldados beliceños. Estas personas incluyen a cortadores de Xate y buscadores de oro.

Estos no son casos de pobres campesinos que perdieron el camino y se encuentran por accidente adentro de Belice. Ellos saben a lo que van, y más aún si van armados. Van a robar oro (que según prensa local, venden a Q250 el gramo), madera o Xate, y con la intención de matar, o al menos herir, a quien se interponga en su camino.

Un diario guatemalteco sí cita un cable de AFP, que menciona un informe de la OEA, en el que se asegura que “el fallecido (Quim) tenía en su posesión dos armas de fuego” cuando se enfrentó a un soldado beliceño. Otras publicaciones indican que Quim intentó abalanzarse sobre el soldado blandiendo un machete en mano. El soldado hizo cuatro disparos de advertencia, pero cuando el guatemalteco no se detuvo, le asestó dos tiros que lo mataron.

Resulta inverosímil que el Canciller Elrington anunció el compromiso de que los soldados usen balas de goma cuando se encuentren con los invasores guatemaltecos. Más insólito es que no aclaró a Guatemala que el caso de Quim ocurrió afuera de la zona de adyacencia, y a 16 horas a pie del lugar más cercano a donde podía llegar un vehículo a trasladar el cadáver.

Lovell dijo que el Ministerio de Seguridad Nacional pidió a la OEA que personalmente verificara el luchar de los hechos (en la Reserva Natural Chiquibul), pero luego un periódico beliceño citó a una autoridad beliceña quejándose de que la OEA erróneamente dijo que el hecho ocurrió en la zona de adyacencia.

Desde junio las autoridades beliceñas dicen que han visto al menos a un centenar de saqueadores hasta siete kilómetros tierra adentro en Belice. Al menos diez están detenidos. Lovell afirma que los soldados beliceños primero hacen disparos de advertencia. Si el invasor igual los intenta agredir o herir, los soldados responderán con fuego, aunque no disparan a matar. Pero los casos ocurren en zonas tan remotas que impiden acceso a atención médica que podría salvarles la vida.

Quim es el tercer guatemalteco que muere baleado en estas circunstancias en 2012. El 5 de octubre al medio día, las autoridades beliceñas todavía discutían cómo sacar el cadáver de la zona remota donde estaba. La única forma era contratar el uso de un tractor para sacarlo.

En este escenario, no cuadra que el canciller beliceño no le reporte a Guatemala los hechos como sucedieron, y pretenda que los soldados beliceños enfrenten balas de verdad con balas de goma. Mientras tanto, Guatemala (desde gobiernos anteriores) no toma medidas para evitar que los saqueos le provoquen un incidente internacional con Belice, al que le disputa casi la mitad del territorio desde el siglo pasado.

¿Cuánta gente más morirá para que el gobierno de Guatemala actúe? No se sabe. Pero en nada ayuda que el canciller beliceño diga verdades a medias, y el canciller guatemalteco Harold Caballeros actúe iracundamente antes de enterarse que sucedió en realidad. Este no es el mejor ambiente para que ambos países realicen consultas populares en 2013, para que los votantes decidan si llevan el diferendo territorial a la Corte Internacional de Justicia.