Política: Elegir el mal menor

Guste o no, esta es la opción en estas elecciones presidenciales

Un amable lector me escribe un correo electrónico cuestionando lo que él define como mi odio por el candidato Mitt Romney y mi desprecio por los valores estadounidenses, entre otras muchas cosas. Al final de su carta me dice: “Si usted odia tanto a este país debería regresarse al suyo, o mejor váyase a Cuba o Venezuela, seguro que allá será muy feliz, o al menos tenga el valor de reconocer que su agenda es la destrucción de Los Estados Unidos”.

Estimado señor (no firma el correo, por tanto no puedo dirigirme a usted por su nombre), en primer lugar, yo no odio a Los Estados Unidos, por el contrario, amo a éste país tan profundamente que me ocurre exactamente lo que a muchos inmigrantes, no soy ni de aquí ni de allá. No soy de acá porque la intolerancia que todavía reina en algunos segmentos de la sociedad estadounidense se empeña en recordarme permanentemente que estoy, pero no pertenezco; al mismo tiempo, mis paisanos que observan mi devoción a éste país me miran con desconfianza y desprecio. Una mezcla de traidor y esnobista adefesio.

No odio tampoco al señor Romney, simplemente discrepo de la visión que el candidato Republicano tiene sobre el futuro del país. Me preocupa profundamente que el destino de la nación llegue a manos de un hombre que ideológicamente se podría definir como “neutro”. Ese tipo de político es el más peligroso que puede existir, porque no hay manera de saber hacia donde lo va a llevar la marea. Todos los políticos cambian de opinión de tiempo en tiempo, sobre algunos temas, de acuerdo a las circunstancias y las conveniencias. Es grave sin embargo, que el candidato Romney haya estado en las dos veredas en casi todos los temas que le preocupan a los estadounidenses.

Tampoco soy un “liberal de escritorio desconectado de la realidad” como me llama el señor lector. Me precio de pertenecer al pueblo para el que tengo el privilegio de escribir por la benevolencia del diario La Opinión. He trabajado y lo sigo haciendo, como muchos de los miembros de nuestra comunidad, en labores manuales y poco remuneradas; sé lo que es luchar a diario para poner el pan en la mesa y perder el sueño pensando en lo que pasará el día de mañana; entiendo de las dificultades que representa el perder un seguro médico por la incapacidad de pagar una póliza con un costo criminal; vivo la incertidumbre de desconocer si podré enviar a mis hijos a la Universidad o si tendré dinero suficiente para mis gastos cuando me retire. Es por eso que me repugna el desprecio del señor Romney por los que no nacieron como él en un sitial de privilegio.

Tampoco soy un “borrego de Obama”, señor lector, por el contrario, el candidato Demócrata no me gustó el 2008 y sigue sin gustarme ahora, pero tengo perfectamente claro que los estadounidenses tienen una opción muy simple en estas elecciones, y esta es elegir el mal menor.