Sandy inundó la elección

La tormenta que azotó durante la noche del lunes con fuertes vientos y lluvia la costa este del país dejó grave saldo de muerte y destrucción: Sube el número de muertes a 64; más de 6 millones de hogares y negocios sin electricidad, y daños por 50 mil millones de dólares.

Es claro que los efectos de Sandy no se circunscriben a los ámbitos de la devastación material y humana. El desastre climático interrumpió la campaña electoral a pocos días de los comicios presidenciales del 6 de noviembre.

Nadie propone ni considera alguna postergación de la elección, aunque en algunas regiones ya hay preocupación sobre el acceso a las urnas.

Los diversos gobernadores afectados están preparando planes de contingencia para garantizar el derecho al voto de los ciudadanos el día mismo de las elecciones por si las inundaciones y los apagones se alargan una semana o más. En las operaciones para restablecer la electricidad se dará prioridad a escuelas, estaciones de bomberos y otros lugares públicos en los que normalmente se colocan las urnas.

Sandy, además de dejar graves secuelas, influirá en la intención de voto de muchos estadunidenses.

Las elecciones están tan apretadas que cualquier noticia y la capacidad de respuesta de los candidatos pueden afectar el resultado.

Es un momento crítico para los candidatos, en el que además llegan con un empate técnico en las encuestas.

A escala nacional, Obama tiene 47 por ciento de intención de voto frente a 46 por ciento de Romney, diferencia que no es significativa estadísticamente. Desde los primeros días de octubre ninguno de los candidatos logra acumular una amplia ventaja, indicó Reuters.

Obama apuesta la reelección a su gestión de la crisis de Sandy.

Para coordinar la respuesta al huracán y asegurar que todos los recursos federales son utilizados para apoyar el trabajo de las autoridades estatales y locales, el presidente canceló todos sus actos de campaña previstos en Ohio (un estado que necesita ganar imperativamente para conseguir la reelección), y ha preferido jugársela en su conducción del esfuerzo nacional para superar esta tragedia.

Desde Washington dijo a los millones de afectados: “America está con ustedes”, y prometió todo el apoyo para los que “pasarán tiempos muy difíciles en los próximos días, semanas y tal vez meses”.

Los estrategas de su campaña confían en que los votantes valorarán positivamente la decisión del presidente de mantenerse en su despacho en circunstancias como esta.

Mitt Romney recolectó fondos para las víctimas del huracán en Ohio. “Por favor, si tienen un dólar extra, o dos, envíenlos a las personas que han sido golpeadas por la tragedia e incluyanlas en sus pensamientos y plegarias”, exhortó el republicano

Ambos son conscientes de la importancia de dedicar toda la atención al huracán, especialmente para marcar un contraste con el manejo desastroso de George W. Bush con el huracán Katrina.

Dada la ventaja de Mitt Romney en las encuestas populares (que no se cotejan con la ventaja selectiva en el colegio electoral que lleva Obama), a juicio del portal europeo, DeDefensa.org, el presidente pudiera salir beneficiado “si juega al capitán valiente que socorre a los damnificados en las pequeñas aldeas perdidas o hasta en las grandes ciudades ya damnificadas por la crisis económica y privadas de electricidad y de víveres por la tempestad”.

Obama tiene la oportunidad dorada de proyectar su titubeante liderazgo

“Barack va a pasar por encima de la burocracia y va a suministrar en los próximos días todos los recursos que sean necesarios. Ha convertido esta tormenta en su prioridad, y va a hacer cuanto sea preciso para asegurar que los ciudadanos estén sanos y salvos”, garantizó la primera dama,Michelle Obama,en Iowa

Una catástrofe como la del Sandy pone a los republicanos a la defensiva y reivindica a quienes insisten en mantener un aparato estatal poderoso, aunque también ágil y limitado.

Pero un estado minúsculo deja desasistidos, en circunstancias como las actuales, a quienes no poseen recursos para valerse por sí mismos, los más pobres, los inválidos, los marginados.

Es poco probable que Mitt Romney repita ahora su propuesta anterior de reducir, incluso privatizar, los fondos de la Agencia Federal para Emergencias (FEMA).

En uno de los debates durante las elecciones primarias del Partido Republicano, Romney dijo, respecto a una pregunta sobre el futuro de FEMA, que “siempre que se pueda devolver alguna competencia a los estados hay que hacerlo, y si se puede devolver al sector privado, mejor”, y que el estado federal (central) debía replantearse qué servicios podía mantener.

Es difícil anticipar cuánto influirá todo esto en la campaña electoral, dice Antonio Caño,pero la doctrina del drástico recorte del aparato estatal que propicia Romney y, sobre todo, su compañero de candidatura, Paul Ryan, se encuentra, hoy, desmentida por la cruda realidad de una gigantesca tormenta.