Una tradición negada a morir

El Día de Muertos en México y América Latina sigue vigente
Una tradición negada a morir
Miles de tapatíos se dieron cita en panteones de Guadalajara para celebrar el Día de Muertos.
Foto: Notimex

MEXICO, D.F.— Los mexicanos limpian las osamentas de sus familiares fallecidos y decoran sus tumbas con flores y calaveras de azúcar. En Haití, los practicantes del vudú rodean una cruz de metal en el cementerio y vierten alcohol para honrar a sus ancestros.

En todo el continente, las personas rinden homenaje a los familiares fallecidos en conmemoraciones que comenzaron el jueves con el Día de Todos los Santos y continúan el viernes con el Día de Todas las Almas.

La celebración combinada conocida en muchos lugares como el Día de Muertos es un festival particularmente colorido y macabro en México, que se remonta a los tiempos de los aztecas pero se ha vuelto parte de las tradiciones católicas.

“En la tradición europeo-cristiana de la muerte como que se van a otro mundo muy lejano y aquí los vivos tenemos que ver cómo sobrevivimos. En el caso mexicano y otros países andinos, el mundo de los vivos coexiste con los muertos”, dijo Elio Masferrer, antropólogo que se enfoca en estudio religiosos en México.

“Los vivos buscan a los muertos para que nos ayuden y protejan, más aún en el Día de Muertos”, agregó.

Y mientras en las tradiciones judeocristianas los muertos van al cielo o al infierno según su comportamiento terrenal, muchos en países andinos y mesoamericanos creen que trabajan para los dioses y son apoyados por sus familiares que aún siguen en la tierra, indicó el antropólogo.

“La gente se va a trabajar por los dioses, nada de esto de tocar el harpa en una nube, y sus familiares le tienen que dar de comer, alimentar. Ese alimento simbólico se hace entre hoy y mañana [ayer y hoy]; la gente deja los alimentos favoritos y dejan la puerta abierta”, explicó Masferrer.

Las familias en México se van de día de campo a los cementerios, decoran las tumbas con caléndulas y rocían agua bendita en las sepulturas de sus seres queridos.

Un “rezador” pronuncia el Padre Nuestro en un cementerio en Pomuch, Campeche, un estado del sureste mexicano, mientras Paula María Cuc Euan desempolva la osamenta de sus padres.

“He estado haciendo esto desde que murieron”, dijo Cuc Euan mientras regresaba un fémur a un cajón de madera decorado con flores pintadas a mano. “Mi mamá murió hace 32 años y desde ahí he estado haciendo esto”.