¿Es necesario castigar a los hijos?

Muchos padres se preguntan si se debe o no castigar a los hijos. Por fácil que parezca en un mundo tan…
¿Es necesario castigar a los hijos?
Foto: Miami Photo Style

Muchos padres se preguntan si se debe o no castigar a los hijos. Por fácil que parezca en un mundo tan cambiante, donde incluso los conceptos de castigo se encuentran divididos, no es fácil definir la línea de educación de la cual se debe partir.

En medio del bullicio, en el momento menos oportuno y con cien ojos mirándote, la imagen de tu abuela diciendo “¡Mija dele un par de nalgadas para que no sea malcriada!” puede llegar a tu mente, pero hoy en día la manera de castigar es diferente y en ese sentido es bueno romper algunas tradiciones.

Pero ¿qué entendemos por castigar a los hijos? Porque todo depende del punto de vista con que se mire. Para la organización Save the Children, en su campaña “Educa, no pegues” el castigo físico y psicológico “es el uso de la fuerza física con el fin de causar cierto grado de dolor para imponer disciplina, corrección, control o modificar la conducta, en la creencia de que es en beneficio de la educación/crianza de los niños.” …las cachetadas, correazos, insultos y cualquier amenaza están incluidos dentro de sus enunciados.

Ya partiendo de esta definición y entendiendo que además va en contra de los derechos del niño y que organizaciones mundiales, alianzas internacionales e innumerables psicólogos y educadores coinciden que el castigo cuando es físico o humillante puede concluir en resentimiento y traumas, ¿debemos dejar a Coral tirar platos a su antojo para que evitar el trauma? Para la Real Academia Española, castigar es “Advertir, prevenir, enseñar” es decir, no es tan importante la palabra que utilicemos sino el contexto mismo de cómo lo apliquemos. Definitivamente, Coral debería de tener una repercusión a esta actitud y eres tú como padre quien con paciencia comprensión e inteligencia -ya que sólo tú conoces a tu hijo- debes buscar la manera de mejorar su actitud mediante un compromiso mutuo y no recompensar su acción con un postre, sólo para evitar el llanto y el bochorno. Recuerda, ser malcriado muchas veces se debe a exceso o a falta de atención.

No seas víctima de los nervios, tal vez creas que una zurra o sencillamente no hacer nada sean soluciones fáciles, pero se necesita mas que eso para educar a un hijo. Hace falta un verdadero compromiso, cumplir lo que se dice que se va a hacer, permitir a los niños reflexionar, entender por qué se sintieron así y actuar juntos. A veces lo que creemos bueno para ellos no lo es, por eso es tan importante dejarse asesorar por personas mas ilustradas en el tema, investigar y tener el valor de cambiar. Ser cariñosos pero también justos, establecer reglas, horarios, límites, un punto de equidad entre ambos padres, no decirle no a todo ni complacer en todo y recordar que tanto un niño sobre protegido y viviendo una vida sin normas o con muy pocas, así como la sumisión del niño hacia la voluntad del padre son extremos a los que no queremos llegar.

En conclusión, cada quien cría a su hijo como quiere dentro de parámetros normales, pero siempre deben de existir ciertos límites y llámese castigo, educación, corrección o disciplina que la acción que se haga se realice con amor pero con firmeza dándole al niño la oportunidad de reflexionar por sí mismo y reparar su acción.