Todo sea por el agua

El acuerdo es un paso adelante en la relación bilateral

La necesidad de estos tiempos es capaz de vencer los obstáculos más difíciles entre Estados Unidos y México y, si hay agua de por medio, mucho más.

Por eso, quedaron de lado las pasiones que por décadas dominaron la relación entre Estados Unidos y México sobre el agua del Río Colorado. Ahora durante los próximos cinco año estarán en vigencia nuevas reglas para compartir el agua y distribuir el peso de las sequías y las ganancias de los años húmedos.

En este caso la sequía que afecta a varios estados del oeste estadounidense y la urgencia de infraestructura de México para almacenar agua, dañada por un terremoto de 7.2 grados en 2010, llevaron a su conclusión cinco años de negociación.

Como resultado, a México se le asignará una cantidad de agua en el Lago Mead, recibirá 10 millones de dólares para reparar la infraestructura dañada por el sismo y tres agencias a cargo de agua —incluyendo la de Los Ángeles pagará a México 21 millones de dólares por el líquido.

A cambio, México acepta —como California, Colorado, Nevada, New México, Utah y Wyoming— ceder su cuota en sequías cuando baje el nivel del lago. Mientras que tendrá ganancias si este nivel sube.

En realidad esto no es una cuestión de ganancias, ni mucho menos. Hoy es difícil imaginar que las aguas del Lago Mead se eleven cuando su nivel es cada vez más bajo y su requerimiento es mayor como la tercera conexión que está realizando para la insaciable Las Vegas.

El acuerdo es una forma de incorporar a México en la administración del agua del Río Colorado después de haber sido ignorado por mucho tiempo. Ya no es suficiente que solo se garantice el caudal de líquido para abastecer a Tijuana y a otras ciudades del noroeste mexicano.

Habrá que ver cual es el resultado del acuerdo, que puede revisarse en cinco años. La necesidad llevó a ambos países a firmarlo y es la que les ayuda a comprender que, en cuanto al agua, la cooperación es lo mejor.