Una vieja deuda con los paisanos

Los derechos humanos de la migración en México, pendiente a resolver para EPN
Una vieja deuda con los paisanos

MÉXICO, D.F.— El verano fue una bendición para Margarita Martínez porque pudo ver a su hijo Felipe, de 15 años, de quien vive separada desde 2010, cuando el chico volvió a su país porque no se adaptó al rechazo de sus compañeros de escuela y a pasar hambre.

“No hablaba bien español y los otros niños le hacían la vida imposible, lo hacían llorar y yo ni siquiera pude conseguir un trabajo”, lamenta Margarita, quien fue una emigrante indocumentada deportada hace cuatro años con un hijo americano.

La mujer solloza. Con 53 años no encuentra trabajo para darle aquí un techo y alimento a su muchacho que hoy está en la Unión Americana con un tío que le da hospedaje por caridad, pero no puede pagar sus útiles escolares. “Necesitamos atención, por humanidad”.

Habla por los más de medio millón de mexicanos que cada año son expulsados de Estados Unidos, según el Instituto Nacional de Migración (INM), sin un programa real de atención social.

Los derechos humanos de la migración en México son el pendiente que cada seis años se endosa al siguiente mandatario: derecho a una vida digna de los que se van y los que se quedan; a la participación política real más allá de las fronteras, a una contratación digna para trabajo temporal y a la seguridad.

Los defensores de los derechos políticos de los mexicanos en el exterior opinan que ningún gobierno atenderá de manera integral el tema hasta que los emigrantes puedan pasar la factura a las autoridades a través del voto, hasta ahora limitado por la falta de acceso a la credencial del Instituto Federal Electoral (IFE).

“Nuestra petición de siempre es que se permita sacar el documento electoral en los consulados o que se autorice usar la matrícula consular para votar, pero los diputados y senadores no han querido”, recuerda Francisco Moreno, del Consejo de Federaciones Mexicanas, uno de los principales promotores del voto migrante desde California.

Durante el sexenio de Felipe Calderón se presentaron en el Congreso seis iniciativas para mejorar las condiciones del sufragio en el exterior, pero ningún partido impulsó el dictamen.

La agenda sobre migración camina a capricho de la agenda nacional. La regulación del trabajo temporal al exterior, por ejemplo, quedó supeditada a la aprobación de la Reforma Laboral integral que no tiene fecha para aprobarse en el congreso debido a los desacuerdos sobre el pago por hora y la fiscalización a los sindicatos

Las contrataciones temporales serían una posibilidad de trabajo sin riesgo, pero la falta de una normatividad eficiente provoca que alrededor de 41,000 personas sean víctimas de fraudes, abusos y timos relacionados a la tramitación de de las visas H2A y H2B.

“Es obvio que en México el tema migratorio no es prioridad”, observa el activista Moreno. “Los políticos sólo hacen que se preocupan porque es políticamente correcto”.

Margarita trabajó en Estados Unidos desde 1991 al 2008. Desde allá envió remesas al país cada mes para su familia, pero una vez deportada hoy es una carga social a punto de llegar a la tercera edad. “México hoy no está preparado para recibir a ningún migrante”.

El historial de desencuentros con la inmigración centroamericana habla por sí mismo: después de miles de asesinatos, secuestros, extorsiones, violaciones sexuales y otros abusos, el INM promulgó un reglamento para la Ley de Migración que dejó muy mal sabor de boca entre los defensores de los derechos humanos.

“Hay vacíos legales que favorecen la discriminación de los migrantes”, observó el Grupo de Trabajo sobre Migración integrado por 20 de las principales organizaciones en el país que han peleado sin éxito la defensoría legal y un trato digno para los sin papeles: en ocasiones los verdugos son las mismas autoridades.

El sacerdote Tomás González, fundador del albergue en la frontera sur El 72, quien ha presenciado maltratos y violaciones a migrantes durante años, resume que la migración es un asunto muy sencillo de resolver para los países expulsores, de tránsito y receptores.

“Hay que dar a los migrantes exactamente lo que se recibe de ellos: respeto”.