Disciplina a tus hijos para que logren incorporar las cualidades de un buen caracter

La obligación de los padres es fomentar los valores y el carácter en sus hijos desde pequeños.

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Disciplina a tus hijos para que logren incorporar las cualidades de un buen caracter
Para disciplinar a tus hijos no es necesario agredirlos.
Foto: www.morguefile.com

Disciplina es poner normas y límites para que, de un modo organizado, los niños sepan en todo momento qué se espera de ellos. Los hábitos, las pautas y las rutinas deben trabajarse día a día para lograr niños responsables y conscientes de lo que está bien y de lo que está mal.

Una personalidad madura se forja cuando el niño entiende el significado del “no” y es capaz de superar la frustración. El autoritarismo como forma de enseñar disciplina a tus hijos es una postura tan equivocada como el permisivismo. Ambas traen consecuencias indeseables en el desarrollo de los futuros adultos.

Disciplina y límites

Hay que tener en cuenta que nuestros hijos, niños y adolescentes, por su propia seguridad, deben entender que son sus padres quienes mandan. Trabajar la obediencia significa incidir en el auto-control, la responsabilidad y la humildad. Esto no quiere decir que no se quiera la libertad para los hijos, sino que les enseña precisamente que, viviendo en sociedad, la libertad de uno termina donde comienza la del otro.

Disciplina a tus hijos con dignidad, respeto, entendimiento y compasión. Una vida en familia armoniosa favorece a que el niño desarrolle una gran seguridad en sí mismo y en su entorno. Si hay diferencias en la forma de aplicar la disciplina por parte de los padres, cada uno cuenta con una experiencia particular al respecto, es recomendable llegar a un acuerdo y aprender el uno del otro aprovechando las habilidades aportadas por ambas partes.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Exigir con afecto, con objetivos claros y normas realistas, comunicarnos con nuestros hijos, escucharlos y explicarles las razones por las que se les pide o se les prohíbe que hagan algo. Hay que confiar en los hijos, dar ejemplo y motivarlos de manera positiva, recompensarlos si cumplen con lo pactado, no sólo de forma material, sino también afectiva.

Una parte importante de todo aprendizaje es que es imposible educar sin intervenir, y que se le puede enseñar a no repetir un comportamiento negativo si se le advierte o se le avisa de lo que le puede pasar como consecuencia de su acción. No hay que gritar, tampoco incumplir promesas ni amenazas, aprender a negociar y no pretender éxitos inmediatos.

Por sobre todas las cosas, muestra respeto por los sentimientos y pensamientos de tus hijos, pero sé firme en cuanto a las decisiones tomadas y coherente para que los niños perciban que los padres no dudan.

Las cualidades del carácter de un niño se desarrollan a través de la interacción de la familia, la escuela, la iglesia y las influencias de la comunidad en la que vive, dependiendo también de su temperamento, experiencias y elecciones.

Es deber de los padres influir en sus hijos para que desarrollen un buen carácter con valores tales como integridad, respeto, responsabilidad, honestidad, solidaridad, compasión y conciencia social. A la mano están todas las oportunidades y las herramientas necesarias para lograrlo.

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