Paren el cacareo electoral

El foco debe residir en encarar los desafíos futuros con cortesía, inteligencia y un poco de humildad

Guía de Regalos

Latinos

La falta de sintonía con el sentir de la población es una enfermedad que afecta a ambos partidos, así como también lo es la arrogancia—y sospecho que algunos hispanos están volando peligrosamente cerca del sol.

Perdí la cuenta de todos los comentarios llenos de orgullo, de alardes y a veces de amenazas que he visto en columnas, blogs y medios sociales sobre el papel de los hispanos en la reelección del presidente Obama.

Comenzó como una simple alegría por el hecho de que los latinos se presentaran a los comicios en grandes números, lo que demostró ser definitorio en una batalla que parecía pareja cuando llegó el Día de la Elección. Eso solo, tras meses de preocupación sobre los obstáculos para los electores fue causa razonable de celebración. Pero rápidamente se convirtió en la misma retórica cierta-pero-no-útil que hasta el momento no ha logrado producir el respeto que esperan los latinos tanto en la sociedad como en la política.

En los días posteriores a la elección, la letanía de pedidos comenzó en serio y siguió llegando. “Hora de que Obama cumpla con los latinos” y “Obama ganó sobre las espaldas de los latinos, nos lo queda debiendo”, decían dos titulares. Otra preguntaba: “¿Llegó la hora de que se les pague a los hispanos?”

Después el Pew Hispanic Center publicó datos que proyectan que es probable que el electorado latino se duplique a unos 40 millones de electores habilitados para 2030. Todo lo que se habló del “gigante dormido” comenzó a sonar como si el gigante se hubiera despertado más vengativo que suave.

Pero antes de que nos volvamos demasiado engreídos, los latinos debemos enmarcar la reciente victoria en su contexto histórico. A mediados de noviembre de 2010—dos años después de que los latinos fueron decisivos para que Obama resultara electo la primera vez—escribí lo siguiente en las semanas antes del más reciente fracaso de la Ley DREAM federal: “‘Nos lo deben’ no es exactamente un argumento persuasivo para una acción legislativa, pero eso es en realidad todo lo que les queda a algunos activistas de la reforma migratoria para incitar a los demócratas a hacer que algo—lo que sea—suceda durante los últimos días en el cargo de esta camada en el Congreso”.

Seguí diciendo que todos los comentarios patrioteros y de grandes deudas que se hicieron cuando los latinos ayudaron a que Harry Reid conservara su cargo en el Senado en 2010 probablemente serían tan ineficaces para lograr que se aprobara una reforma migratoria real y bipartidista como lo habían sido en los cinco años anteriores los pedidos de que se detuvieran las deportaciones y se legalizara a los inmigrantes ilegales.

Irónicamente, resultó que la Ley DREAM obtuvo suficientes votos republicanos para que se aprobara pero Reid y el resto del liderazgo demócrata fracasaron en impedir que cinco de los suyos votaran contra terminar el debate sobre la propuesta de ley. Y se hundió.

En otras palabras, nos han “debido” cosas antes.

Sin duda, puede ser agradable regocijarse después de escuchar a elocuentes representantes del ala nativista del Partido Republicano tildar a los hispanos de plaga para los valores de nuestro país y hacer pocas diferencias entre los hispanos legales y los inmigrantes ilegales—y no es que por no tener categoría legal se pueda comparar a un grupo de gente con animales salvajes que deben ser eliminados de nuestra población.

Si el cacareo es realmente necesario, terminemos con él lo antes posible. Responder a una mala acción con otra no está bien—alardear sobre las estadísticas del censo y mandar mensajes con el tono de “¡Ja, ja, blancos, miren la que se viene!” no va a lograr nada políticamente y la fanfarronería también desagrada a otras minorías.

Lo último que necesita el país ahora es más divisionismo provocado por la percepción incorrecta de que todos los grupos étnicos cacarean diabólicamente cada vez que un miembro del Partido Republicano dice que los electores republicanos, blancos y de más edad se “están muriendo”.

Los que han pasado la mayor parte de estos dos últimos años tratando de hacer comprender a los no-hispanos que la inmigración no es el asunto electoral más importante de la comunidad latina—pero que el tono de este debate es lo que realmente importa—deben modular sus propias voces. El foco debe residir en encarar los desafíos futuros con cortesía, inteligencia y un poco de humildad.

El indicio por excelencia de haber “llegado” oficialmente es que otros lo proclamen de manera que uno no tenga que anunciarlo. Felicitaciones, estamos allí: Los latinos constituyen una poderosa fuerza política y todos los expertos políticos y electorales blancos de los programas de noticias lo han dicho por semanas. Pero lo que es realmente importante es lo que viene.

Al proceder adelante, el tono será importante para ambas partes. Determinará finalmente si la oportunidad post-electoral para que se respete e incluya a los latinos conduce a una mayor cooperación entre los partidos o si el diálogo sobre asuntos candentes como la inmigración vuelve a manifestarse en los cansados papeles de víctima y opresor, o peor aún—matón contra matón.