¿Quién es EPN?

Guía de Regalos

México

Para entender a Enrique Peña Nieto hay que recordar al Grupo Sonora y al Grupo Atlacomulco.

Mi hilo conductor es la forma como Peña Nieto conceptualiza el poder. Su tesis para obtener el grado de licenciado en derecho, El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón (1991), ofrece claves útiles. En México, dice, “el presidente […] es pilar del sistema político”. Esa descripción la transforma en prescripción cuando expresa, una y otra vez, su profunda admiración por Álvaro Obregón a quien concede el mérito de ser el “gestor del presidencialismo moderno”, de ser uno de los “estadistas más audaces e inteligentes” y de quien admira la eficacia: Entonces resulta lógico que EPN tenga tanta admiración por Carlos Salinas de Gortari, otro presidente exitoso en su momento.

Que EPN forme parte del Grupo Atlacomulco también explica por qué toma como modelo a Obregón, el artífice del Grupo Sonora que dominó la política nacional hasta que Lázaro Cárdenas mandó a Plutarco Elías Calles al exilio. Ambos grupos se asemejan en el valor que dan a la disciplina y a la lealtad a quienes tienen los puestos de mando y ponen como principal objetivo la acumulación de poder sin importar los métodos.

Como gobernador del Estado de México Peña Nieto mostró su determinación de controlar la política a cualquier costo: “chayotes” a los periodistas rejegos, “maiceada” a los opositores de ética reblandecida, notarías para sus seguidores leales y contratos a los empresarios serviciales.

Aunque nada está escrito, es altamente improbable que EPN pueda reconstruir al México presidencialista y centralista. El poder ya está repartido entre gobernadores y presidentes municipales, partidos y líderes sindicales, potentados y jefes de carteles y entre una sociedad que se beneficia del acceso a la información y de la libertad de expresión.

Lo paradójico es que la fulgurante carrera política de Peña Nieto fue posible por la fragmentación del poder. Logró la candidatura a gobernador en 2005 porque su mentor, Arturo Montiel, tuvo la posibilidad de hacer su voluntad. Montiel no necesitó del visto bueno del presidente de la república ni atendió los deseos del presidente del PRI, Roberto Madrazo, quien empujaba a Carlos Hank Rohn.

Otro rasgo de Peña Nieto es el pragmatismo. Como gobernador avasalló al PAN y al PRD en las elecciones de 2009, pero en 2012 tuvo que digerir una dolorosa derrota en su propio territorio. Otros indicadores del pragmatismo peñanietista fueron los esfuerzos por corregir su discurso después de la zarandeada que padeció en la Universidad Iberoamericana el 11 de mayo.

A partir del próximo sábado se inicia una nueva etapa en la transición mexicana. Peña Nieto hará lo posible por imitar los supuestos éxitos de Obregón y Salinas pero tendrá enfrente la resistencia de quienes conquistaron espacios alguna vez dominados por el presidencialismo centralista. Será una batalla multidimensional con un desenlace incierto. Empieza a escribirse otro capítulo de la historia de México. Ocupen sus asientos y aprieten sus cinturones. Arrancamos.