Rubén Cerros, el imitador de Paquita la del Barrio, sueña con ganar el programa de Telemundo ‘Yo me llamo’ para derle una mejor vida a su familia en México

De ganar el concurso de 'Yo me llamo' de Telemundo, el imitador de Paquita la del Barrio resolvería un poco la pobreza en la que vive su familia en México

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Rubén Cerros, el imitador de Paquita la del Barrio, sueña con ganar el programa de Telemundo ‘Yo me llamo’ para derle una mejor vida a su familia en México
Rubén Cerros antes y después de su proceso de transformación en Paquita la del Barrio.
Foto: Telemundo

MIAMI, Florida.— Nada es imposible. Y todo sueño se puede volver realidad. Sabe que en una competencia todo puede pasar, pero Rubén Cerros no deja de pensar en lo que haría con el dinero que obtendría de ganar el concurso que, desde ya, le ha cambiado la vida imitando a Paquita la del Barrio.

“Tengo una casita [en México], pero le hace falta el piso, falta engarrar las paredes y otros servicios”, explica. “Mi hija más grande tiene asma y la casa, así como está, es muy fría, y eso le hace más daño, aunque sé que el dinero no lo es todo, sí me hace mucha falta”.

Cerros es uno de los participantes del programa Yo me llamo, que semanalmente transmite la cadena Telemundo y que el domingo llegará a su etapa final. En este concurso el ganador se llevará 100,000 dólares, además de otros premios y la admiración de miles de seguidores —que de acuerdo con la televisora son los que seleccionarán al ganador, aunque la valoración de los jueces, como la imitadora Sema, el cantante Lupillo Rivera y la presentadora Penélope Menchaca, también será definitiva—.

En una visita a los estudios de grabación de Yo me llamo en Miami, Cerros platicó con ¡hola LA!, sobre lo que haría con el dinero del premio, de lo difícil que ha sido su vida de migrante y de cómo surgió el personaje de Paquita la del Barrio.

Cuando la gala termina y todos vuelven a la “normalidad”, muchos de ellos dejan el personaje descansar y entonces muestran lo que son. Pero no Cerros. Es de los pocos que, fuera del maquillaje y las lentejuelas, parece encarnar con fidelidad a Paquita la del Barrio, el personaje a quien imita.

Es el único participante de los seis finalistas, que nunca ha estado en peligro de quedar eliminado.

La historia de este improvisado imitador no es muy distinta a la de muchos migrantes, pero sí de las pocas que así, de la aparente nada, llega a la TV.

Aunque sabe que su vida será distinta después de este concurso, Cerros no hace castillos en el aire. “Yo todavía tengo mis cosas en el cuartito que rento en el Este de Los Ángeles, ahí en la Atlantic y Olympic. Si no gano, ahí me regreso a vivir y a trabajar al taller”, explica quien dejó de manera temporal su oficio de mecánico.

En cada gala, se ha desvelado la vida humilde, de sufrimientos, esfuerzos y sueños de este imitador. Un inmigrante que cruzó a este país de manera ilegal y, aunque tuvo la posibilidad de arreglar su estatus no pudo hacerlo, en su momento, por falta de dinero para hacer el trámite.

Desde 1994 se convirtió en migrante. Venía a trabajar por un tiempo y luego se regresaba a Jalisco, México, su tierra natal. Aunque su hija mayor nació aquí y trató de formar un hogar, parecía que la economía no estaba de su lado. Así que la familia se regresó y desde hace seis años el está por temporadas con ellos.

Dice que lo de la imitación comenzó como un juego. En casa, su mamá escuchaba los discos de Paquita la de Barrio y en las reuniones familiares, el se ponía a imitarla sin pensar en nada más que pasar un buen rato. Pero fue en un karaoke de Los Ángeles donde comenzó a escribir su historia de imitador, donde tambien personificaba a Vicente Fernández.

“Una amiga que era payasita, fue la que me animó a que siguiera haciendo las imitaciones, comencé a acompañarla y en medio de sus actuaciones yo imitaba a Paquita, porque era lo que más me pedían”, cuenta.

Cerros dice que a su familia, especialmente a su papá y a sus hijas, no les gustó mucho la idea, pero aun así, cada día que pasaba, él se metía más en su personaje. Luego se independizó, compró su equipo de sonido, mandó hacer sus tarjetas y aprendió un poco a maquillarse. Entonces su labor de mecánico la alternó con su nuevo oficio los fines de semana.

A Cerros le han hecho correciones en su apariencia, pero canta casi igual, suelta ciertas frases de espontaneidad y llora con gran facilidad, como si fuera la mismísima Paquita.

“Siempre he sido una persona noble, no me meto en problemas con nadie y ahorita con la familia que está lejos, que no la he visto en tanto tiempo, pues cualquier cosa me hace más sensible”.

Hace un par de semanas, cuando conoció a Paquita en su casa de la Ciudad de México, tenía miedo de que la artista lo rechazara. “Estaba muy nervioso, temía que me dijera: ¡Inútil!”, comentó. “Me dijo que a ella no le gustaba que la imitaran pero que le gustaba como [yo] lo estaba haciendo”.

Ahí mismo se reencontró con su esposa y sus tres hijas, a las que no veía desde hacía varios meses. Ellas no habían tenido la oportunidad de verlo en el personaje de la cantante, ni en persona ni por televisión.

En San Cristóbal de la Barranca, un pueblo que queda a las fueras de Guadalajara, no hay servicio de cable y el internet es un lujo.

“Si este domingo [dijo el día de la entrevista], la chica del ciber café no tiene que ir a la ciudad, a lo mejor podrán ver el programa por internet”, comenta.

Si Cerros llega a ganar la competencia, no sabe de qué manera les llegará la noticia a su esposa e hijas. Lo que sí sabe es que ese dinero le ayudará a reunirse con su familia más rápido de lo planeado.

“La verdad es que debo dinero, así que le pagaría a mis amigos que me han prestado”, dijo. “De hecho desde hace un año, estamos mi esposa y yo tratando de pagar todas las deudas para poder quedarme allá con ellas sin esa apuración”.