Latinos al borde del otro precipicio

Ya pasadas las elecciones, el tema que ocupa, y preocupa, a los medios noticiosos es el llamado “precipicio fiscal,” esa imaginaria cuesta por donde supuestamente rodaremos hacia el fondo del abismo si republicanos y demócratas en el Congreso no se ponen de acuerdo sobre el déficit antes del día de Año Nuevo.

Puede que algunos latinos asustados con esta cantaleta diaria ya se vean caer barranco abajo con las 12 uvas atragantadas en la garganta al momento mismo en que la bola comience su descenso en Times Square.

Cálmense. No será así la cosa. De no llegarse a un acuerdo antes del primero de enero, el desmadre vendrá por entregas, como capítulos de una telenovela colmada de villanos desalmados.

Creo que habrá un compromiso entre los republicanos que no quieren que se aumenten los impuestos a los millonarios y billonarios y los demócratas que rehúsan recortar el presupuesto a programas como Medicare, Medicaid y el Seguro Social.

Aunque técnicamente los gastos del Seguro Social no contribuyen al déficit federal puesto que cada trabajador y su patrono contribuyen a ese fondo mensualmente, la realidad es que no se recauda la suficiente para cubrir la jubilación de una población que gracias a los adelantos médicos vive mucho años más allá de lo estimado cuando se aprobó la ley en 1935.

Peor aún, el gobierno federal lleva años tomando dinero prestado de los fondos del seguro social y parece que nunca lo devuelve.

De cualquier modo, la intención el seguro social nunca fue que los jubilados vieran ese cheque como la única fuente de ingresos después de retirarse de sus empleos. Se supone que habrían ahorrado algún dinero por su cuenta o que las empresas donde trabajaban ofrecieran un plan de retiro o que habrían comprado una casa o hecho otras inversiones. Pero no todo el mundo lo hace. Sobre todo una gran mayoría de latinos.

Y ese es el precipicio al que me refiero. Y por ahí sí que se va a despeñar un gran número de la nueva generación de latinos si no aprenden a planificar su jubilación.

Año tras año, estudios y encuestas muestran que los latinos son el grupo poblacional menos preparado para el retiro. Somos los que menos ahorramos en todas las categorías.

Una tercera parte de los encuestados dicen que no ganan lo suficiente para ahorrar ni la más mínima cantidad semanalmente. Pero las otras dos terceras partes que gana lo suficiente, no se molestan en hacerlo. Quizás piensa que nunca van a envejecer.

Pues les tengo noticias: el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Nadie se salva de esa calamidad.<

Esos que ahora están por los 30, deben sentarse con papel y lápiz y sacar cuenta de cuánto necesitará para vivir cuando se retiren. Y deben comenzar a ahorrar desde ayer si no quieren convertirse en viejos pobres contando centavitos para comprarse una lata de sopa.

Sí hay manera de ahorrar. Por ejemplo, no comprándole a sus hijitos zapatos sneakers de $130 o cada juego electrónico que salga al mercado. Mejor ábrale una cuenta de ahorros para que vayan a la universidad y tengan buenos trabajos que les permita ayudar a sus padres cuando estos se retiren.

También muchos latinos tienen que decidir si se van o se quedan. Muchos vienen con la idea de trabajar un tiempo, ahorrar un dinerito y volver a sus pueblos y construir una casita para pasar sus años de retiro viendo las cotorras volar. Pero muchos no logran ver ese sueño realizado y llegan a su “edad dorada” en este país, que no es muy amable para los viejos.

Hay que clavarse en la mente la idea de que el seguro social es un fondo de retiro parcial y no el ganso de los huevos de oro.

doloresprida@aol.com