De todo un poco en Las Vegas
Aficionados al rodeo, vestidos de vaquero, hacen fila para entrar a una de las competencias. Crédito: <copyrite>La Opinión - </copyrite><person>JAIRO GIRALDO< / person>
LAS VEGAS. Menos de todo, excepto de las butacas vendidas y de optimismo por parte de los que van a subir al ring. Menos público en la fiesta previa del pesaje, pero muchos, muchos sombreros.
Menos tumultos en los pasillos. Menos filas para todo.
Lo llamativo es que una vez cantado el “sold-out”, por parte de Top Rank, el viernes, cuando se aseguró que los 16 mil boletos ya estaban en poder del público, se desató la reventa en los casinos y zonas aledañas.
Ofrece boletos el taxista. El chico de la limpieza. Los asesores medios del MGM y los ayudantes de los ayudantes en esta babel caótica y colorida que suele ser Las Vegas cuando hay shows de élite.
Lo predominante es que hay muchos sombreros, botas texanas y ríos de cerveza.
Menor o mayor presión sobre el comercio suele ser el indicativo más claro de cómo vienen las cosas para el apoyo general al combate, aunque el dictamen definitivo lo va a proferir el Pago Por Ver, cuyos números, inapelables como una sentencia de inmigración, dirán qué fue verdad y qué fue mentira en este fin de semana, feliz y tolerable, en el que Pacquiao le vuelve a dar una a mano a la economía del desierto de Nevada.
Es Pacquiao y es Márquez, con todo lo que ello supone, pero ya alguno dijo.
“Eso ya lo vimos. Falta saber qué tanto cala en el gusto de turistas y visitantes de paso, una cartelera en la que está una estrella como ‘Pacman'”, pero en la que no hay ningún boxeador gringo de categoría.
Pero ya habrá otros eventos que le sumen a la fiesta y a la cuenta de ahorros de Bob Arum.
No hay que olvidar que acá se reúnen cada mes los más diversos gremios de las más insólitas actividades de esta tierra bendita.
Antes se ha coincidido con la cumbre de psíquicos del “middle west”, la asociación de caballistas de North Dakota, seguidores convencios por Sarah Palin, poetas olvidados de Louisiana.
Y ya es tradicional el foro nacional de la MLS, que agremia el negocio inmobiliario.
A Las Vegas llegan todos con su cuento para contar su propia historia y recrear su propio mundo según pueda pagar en dólares de una economía que va dejando atrás la crisis de la mano de los que gastan.
Esta vez los texanos de fiesta total entre el 5 y el 15 de diciembre.
¿Qué tan amigos del boxeo puedan ser? No se sabrá todavía, pero los eventos colaterales siempre suman de ida y vuelta en las citas grandes del deporte.
Para el anecdotario va a quedar el repentino ataque de disgusto que sufrieron los seguidores de Pacquiao cuando vieron los pasillos invadidos por miles de hombres y mujeres que llevaban sombrero texano.
“¡Esos sombrerones son mexicanos!”, se dijeron y enseguida lo asociaron con los seguidores de Márquez.
“Si van llegar en esa cantidad a las gradas, van a ser la fuerza dominante”, fue la segunda reflexión.
Ya se imaginaban, ellos mismos, apocados y silenciosos cuando aquellos tipos de pantalones vaqueros y sombrerotes entonaran el tradicional: “Sí se puede Sí se puede”.
Todo fue una falsa alarma que erizó un poco más los erizados pelos de los filipinos.
Todo fue obra de los magos del marketing que hicieron coincidir el capítulo final de Pacquiao-Márquez con la final nacional del campeonato de rodeo y por eso había seguidores de la cultura texana llegados de los cuatro puntos cardinales.
Una feria comercial e industrial con conciertos de country y rock texano.
Botas y sombreros al día. Para todos los gustos, pero con unos precios de espanto.
No está de más agregar que en el vecindario del Thomas & Mack, donde pelearon “Maravilla” Martínez y Chávez Jr, se celebró una especie de festival del colesterol que contó con una afluencia de público masiva y en la que, se pudo apreciar, se despachaban a gusto los mexicanos mezclados con los texanos.
“Por eso se veía menos gente en los pasillos”, fue otra reflexión.
Un baño de cultura texana que invade y domina y que parece salvar la economía local estas dos semanas.
Un compromiso de apoyo implícito hasta lo institucional.
El icónico león del MGM, dueño y guardián de la casa, posa esta vez en un cuadrilátero, exacto al que pisaban más tarde Márquez y Pacquiao y sí con un sombrero texano.