El marco de la inmigración

Es una cuestión de la globalización y una crisis humanitaria

Política

Comprometido con los votantes latinos que los ayudaron a ganar la reelección el presidente Barack Obama se comprometió a presentar “muy pronto” al Congreso federal un proyecto de legislación para reformar las leyes de inmigración.

Consultado sobre qué debería incluir este proyecto de ley, Obama adelantó: “Debe incluir un programa diseñado a garantizar la seguridad en la frontera, la aplicación de penalidades serias a las empresas que de manera premeditada contratan a trabajadores indocumentados y sacan ventaja de ellos”.

Obama destacó que la reforma migratoria debe ser el mecanismo para regularizar el estatus de los inmigrantes indocumentados, pero sólo de quienes no tengan antecedentes penales y que están en la Unión Americana por necesidades económicas y laborales.

Pero este enfoque del problema sólo contempla el acto ilegal de atravesar la frontera sin papeles.( Donde la respuesta lógica a la “inmigración ilegal” se convierte en “seguridad de las fronteras”).

Se centra enteramente sobre los inmigrantes y los órganos administrativos que se encargan de supervisar las leyes inmigratorias. Y, por lo tanto, todo el debate se reduce a cuestiones de legalidad. (En la doctrina conservadora, aquellos que quebrantan las leyes deben ser castigados.)

Sólo reorientando el debate podremos incorporar consideraciones más globales. El foco debe trasladarse desde los inmigrantes en sí mismos y la política interior, hacia una mirada más amplia sobre por qué estas personas huyen.

¿Qué papel han tenido los acuerdos comerciales internacionales en crear o exacerbar la urgencia de la gente para huir de sus países?

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) cumple 18 años de vigencia y sus resultados saltan a la vista. Al año 2010 México había expulsado a territorio de Estados Unidos a 11 millones 859 mil 200 emigrantes en búsqueda de mejores oportunidades de empleo. A la fecha, el número de inmigrantes mexicanos y sus desciendentes alcanza los 20 millones. Casi 12 son los que abandonaron sus lugares de origen para buscar mejores condiciones de vida y 8 millones más los integran sus hijos o nietos. Esto no se tiene en cuenta cuando el tema es definido como el “problema de la inmigración”.

El problema de la inmigración, en este sentido, es en realidad un problema de la globalización.

Tal vez el problema de la inmigración puede ser mejor entendido como una crisis humanitaria. Una cantidad desconocida de personas han muerto atravesando las condiciones extremas del desierto de Arizona y Nuevo México.

Como una crisis humanitaria, la solución debe incluir a la ONU o la OEA. Pero estos organismos no tienen ningún papel en el marco de la inmigración. Estados Unidos se ha negado a ratificar el tratado que los obligaría a ofrecer seguridad y protección a los trabajadores extranjeros.

La Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares se firmó en 1990 y entró en vigor en julio de 2003. Entre los países occidentales que eluden este tratado se encuentran varios de los mayores receptores de población extranjera, como Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e Italia.

La situación actual también puede ser vista como un problema de derechos civiles. Los millones de personas que viven aquí y que han entrado ilegalmente son Americanos a todos los efectos. Ellos trabajan aquí. Ellos pagan impuestos aquí. Sus hijos van aquí a la escuela. Planean criar aquí a sus familias. La mayoría de ellos está asimilada dentro del sistema americano, pero son forzados a vivir en las sombras y en la clandestinidad por su estatus legal. Se les niegan derechos civiles básicos.

Pero el marco de la “seguridad de las fronteras” no sólo pasa por alto la dignidad humana básica de los inmigrantes. Tal vez más deliberadamente, obstruye el entendimiento del asunto como el problema del trabajo barato. Los inmigrantes indocumentados permiten a los empleadores pagar bajos salarios, lo que a su vez permite la oferta de bienes de consumo baratos que encontramos en Walmart y McDonalds.

La economía estadounidense está estructurada para reducir el costo de los recursos, esto es, los salarios de los trabajadores reemplazables, poco calificados.

La inmigración incrementa la oferta de tales trabajadores y ayuda a reducir los salarios. El trabajo barato incrementa la productividad y los beneficios para los empleadores, y permite un estilo de vida barato para los consumidores que obtienen bajos precios debido al trabajo barato. Pero estos no son vistos como “problemas”… El trabajador nomás.

La doble moral se manifiesta también en los impuestos que los inmigrantes deben pagar y de los cuales no obtendrán ningún beneficio.

En Estados Unidos, los ciudadanos naturales se benefician con unos 37,000 millones de dólares por año aportados a la economía nacional por la actividad de los inmigrantes, según La Organización Internacional para las Migraciones (OIM)

Los progresistas bien podrían enmarcar la situación como el tema del Trabajo Barato o del Estilo de vida Barato.