Epidemia de violencia

Hay que implementar leyes a todo nivel que pongan más obstáculos a toda persona que desee obtener un arma

Sociedad

Mientras conducía iba escuchando National Public Radio (NPR, en inglés), cuando oí por primera vez las noticias sobre la tragedia ocurrida en Connecticut. Sentí un gran dolor y tuve que obligarme a contener las lágrimas.

Estos actos violentos y al azar no tienen sentido alguno. Luego de la tragedia comenzamos a recibir más información sobre los antecedentes y los posibles problemas de salud mental de los responsables del tiroteo. Es difícil identificar y evitar que las personas con enfermedades mentales opten por recurrir a la violencia.

Lo que es posible es cambiar nuestras leyes sobre las armas, que ya son obsoletas y no protegen específicamente a los niños de los enfermos mentales que optan por comprar estas armas de alta potencia de fuego para disparar en centros comerciales, cines, escuelas y otros lugares públicos.

Debemos aumentar la conciencia de que la violencia no se limita solamente a las pandillas callejeras. Es una epidemia social y un tema que afecta la salud que existe desde hace décadas en nuestras comunidades, no solo en los entornos urbanos sino también en zonas suburbanas y ciudades y poblados remotos en todo Estados Unidos.

El presidente Obama debe declarar un estado de emergencia nacional en el que debamos atender la situación tanto en nuestros hogares como en los comités legislativos del Capitolio.

Tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para proteger a nuestros niños contra la violencia y las armas que se han cobrado la vida de tantos jóvenes en todo Estados Unidos. Es una epidemia de proporción masiva que afecta a todo el país. Se trata de personas que matan personas, ya que es un individuo el que decide apretar el gatillo.

Por lo tanto, debemos implementar leyes a nivel local, estatal y federal que pongan más obstáculos a toda persona que desee obtener un arma, más allá de que tenga o no antecedentes penales, como medida disuasiva.

Desde que he sido testigo de esta violencia sin sentido, decidí dedicar buena parte de mi vida para trabajar por la paz y la no violencia. Es trabajo a largo plazo y la realidad es que la violencia es un tema social mucho más amplio que ha estado presente en toda la historia de Estados Unidos.

En tiempos de crisis necesitamos líderes con mucha visión que ayuden a cambiar la política nacional e implementen leyes eficaces para el control de armas. Los activistas y los líderes cívicos deben defender y ayudar a implementar programas de toma de conciencia y prevención de la violencia, especialmente a nivel local y dentro del programa de estudios de nuestros distritos escolares públicos.

Sí, a veces el uso de la fuerza es una medida necesaria para proteger a los inocentes. Pero generalmente los inocentes mueren a raíz de las armas, como en el caso de Newtown, Connecticut y de tantas otras ciudades.

He sido testigo de demasiada violencia en el Sur de Los Ángeles donde crecí, en las escuelas públicas a las que asistí y en la vida cotidiana. Estoy harto de esta situación.

Hace poco The California Endowment nos aprobó una propuesta llamada Proyecto para la Prevención de la Violencia del Valle San Gabriel del El Centro de Acción Social. Nuestro objetivo es aumentar la conciencia sobre la violencia considerándola una epidemia que afecta la salud que debemos analizar y atender, además de crear grupos en colaboración que elaboren y propongan nuevas políticas y ayuden a prevenir la violencia a todos los niveles.

Debemos continuar solicitando más fondos para los programas de prevención de la violencia y los programas de salud mental que ayudarán a las personas que crecieron en hogares o vecindarios con altos índices de violencia.

Debemos implementar clases y talleres de educación cívica en las escuelas primarias, secundarias y preparatorias que hagan énfasis en enseñarles a nuestros estudiantes sobre la no violencia y sobre cómo buscar soluciones a los problemas cotidianos sin tener que recurrir a la violencia.

Luchar contra la violencia no es una tarea sencilla, y resulta más fácil señalar con el dedo y culpabilizarnos mutuamente. Se trata de dejar de hablar sobre la violencia y comenzar a hacer algo al respecto para detenerla.

Los distritos escolares, las fuerzas del orden público, los gobiernos municipales, las organizaciones con base en la comunidad, las iglesias, los ciudadanos preocupados por esta causa deben unirse para lograr que se implementen leyes a nivel local, estatal y nacional que reduzcan la violencia en nuestra sociedad.

No esperemos a que ocurra otra tragedia para tomar medidas.