Guerra al narco dividió cárteles

La estrategia de Calderón empujó a los delincuentes a diversificarse

MÉXICO, D.F.— El gobierno de Enrique Peña reconoció un promedio de 70 pequeñas y medianas organizaciones de la droga que tras la captura de los principales líderes de los cárteles asumieron el control de la delincuencia en el país.

Además del tráfico de enervantes, se sumaron al narcomenudeo, secuestro, extorsión cobro de piso, robo al transporte, al combustible, entre otras actividades ilícitas.

“Yo calculo entre 60 y 80 (cárteles), entre medianos y chicos”, reconoció Jesús Murillo, procurador General de la República, durante una entrevista radiofónica en la que explicó que el resurgimiento de estas estructuras es porque después de la captura de los capos, se abandona la persecución de los subcomandos.

“La investigación se enfocó sobre cabezas, es decir, no se desenraizó a la banda, al grupo delictivo, y eso generó que los segundos se empezaron a apoderar o a generar sus propios grupos”, detalló. “Yo creo que faltó sentarse y planear de otra manera”.

Observadores en el tema de seguridad coinciden al respecto. “Con Felipe Calderón, faltó perseguir a los delincuentes hasta el último de sus integrantes”, obvió José Antonio Ortega, presidente del Consejo Mexicano por la Seguridad, una de las organizaciones más activas respecto a la denuncia a la impunidad.

Pero más allá de las intenciones de perseguir las células, Ortega considera que el gobierno debe dar cuentas de las acciones que realizará y lanza un reto: concretar un millón de órdenes de aprehensión pendientes, que no se realizan por negligencia y corrupción.

La investigadora Samantha Lopez, del Instituto Nacional de Ciencias Penales, recordó que la información de la fragmentación de los cárteles no es nueva: se sabe desde hace tres o cuatro años que los cárteles se desmembraron y diversificaron sus medios de ingresos para mantener el nivel de vida que mantenían”, dijo Samantha.

“Se capturaron a los jefes de los grandes cárteles y surgieron cinco o 10 cabezas, algunos se unieron para sobrevivir y combatir a otros”.

Entre los principales ejemplos de esta reacción está el estado de Guerrero con la aparición del Cártel Independiente de Acapulco que integró José Alberto Quiroz Pérez “Juan Diego”, capturado en septiembre pasado.

Quiroz fue identificado por la Policía Federal como presunto responsable del control y fusión de los grupos delictivos que quedaron sin liderazgo tras la detención de los jefes operativos de La Barredora.

La Barredora operaba en la región de Acapulco como un brazo armado del cártel de Sinaloa, al mando de Joaquín “El Chapo” Guzman, en una estrategia que utilizaron durante años las grandes organizaciones de la droga para operar en las regiones más alejadas de su centro de mando

Quiroz Pérez fue detenido junto con 11 personas más al servicio del CIDA, todos ellos vinculados con el secuestro, tortura y homicido de al menos 18 personas ocurridos de marzo al mes de agosto de 2012; sin embargo, algunos otros lograron escapar.

Los observadores de seguridad ennumeran sólo un caso de persecución total a una banda en el sexenio de Calderón: a los Beltrán Leyva

Aunque quedan prófugos algunos de los hermanos, después del encarcelamiento de Alfredo y la muerte de Arturo Beltrán Leyva, también fue capturado Edgar Valdez Villarreal “La Barbie” y poco despúes su lugarteniente, Gerardo Álvarez Vázquez,”El Indio”.

Este último dejó en la región periférica norte,s ur y poniente de la Ciudad de México una organización que denominó La Mano con Ojos y que aterrorizó desde 2010 por la violencia en la persecución de sus víctimas.

En enero pasado, la Procuraduría de Justicia del Estado de México una muchacha de 19 años fue secuestrada, torturada y decapitada sólo por ser la novia de un supuesto narcomenudista que no quiso pagar cuota o “alinearse” a la organización. Su cuerpo quedó abandonado frente al lujoso Centro Comercial Santa Fe.

El gobierno de Peña Nieto estimó ayer que hubo “alrededor” de 70 mil muertos en los últimos seis años en la lucha antidrogas.