Un largo paso por el infierno

Angels, con Pujols y su relevo, en la guerra imposible de querer y no poder
Un largo paso por el infierno
Mike Trout y Erick Aybar sonríen al momento de una celebración en un juego ante Medias Rojas de Boston, en el Angel Stadium.
Foto: AP

La ilusión vestida de rojo y blanco tomó vuelo desde que Angels presentaron a Albert Pujols hace justo un año, como el pelotero más bien pagado del beisbol.

Sumar a un roster, que ya era bastante bueno, al pelotero más laureado de todo el beisbol en una década, era un tránsito libre para soñar en grande.

Y como el equipo había ganado ocho de diez campañas anteriores, la División Oeste de la Liga Americana se sentían con derecho a desafiar a los Rangers, nuevos dueños del centro de poder.

Ésos, los planes en lo previo, porque la manera como terminó todo fue tan traumática que cuando se bajó el telón a la temporada todos dieron las gracias.

Los Angels contaron con la aparición meteórica de Micky Trout en papel de gran estrella a los 20 años, pero no tuvieron bullpen.

Los discípulos de Scioscia tuvieron otra vez como ganador de 20 juegos a Jered Weaver (20-5 y 2.81), pero no tuvieron a quién preservara sus victorias.

Los ahijados de Arte Moreno tuvieron a tres peloteros con 30 o más jonrones: Trumbo (32), Trout (30) y Pujols (30).

Único equipo en el beisbol con ese poder, pero no tuvieron relevistas para poner el plus de adrenalina antes del out 27.

Habían hecho casi todo bien, salvo lo esencial, preservar los resultados. Guardar las victorias. Cerrar bien los juegos. Tarea eficiente de bullpen. Sangre fría de relevistas. Rectas de 100 millas por hora, que no abundaron en el equipo rojo de Los Ángeles y que les costaría el boleto a postemporada.

La efectividad de su cuerpo de relevistas fue 4.03 y quedaron ranqueados en el puesto 22 entre los 30 equipos de la Gran Carpa y cargaron con el fiasco de no hacer su trabajo en 22 ocasiones.

Mike Scioscia todavía no lo sabía, pero su suerte estaba echada, porque si bien su equipo recuperó algo de lo entregado en el primer mes de competencia (6-13), las angustias que le dio su pitcheo de relevo durante toda la campaña le señalarían un camino sin retorno.

En un equipo que tuvo 89-73, 22 de las 73 derrotas fueron a la valija de los que están ahí para evitar que eso ocurra.

Como perdió temprano por lesión a Scott Downs (9 salvados y 3 bloopers); luego no funcionó Jordan Wolden (1 y 1); Latroy Hawkins (1y 3) y Bobby Cassevah (0-2), la gerencia se asomó al mercado y como un milagro hallaron en San Diego al Ernesto Frieri, un colombiano de poco recorrido, pero con mucho carácter.

Lo bueno fue que Frieri llegó a ser el cerrador que le faltaba al equipo. Lo malo fue que llegó en mayo cuando ya el quipo había dado mucha ventaja y ya Atléticos había tomado un vuelo impensado que convertiría la pelea divisional entre Angels y Rangers en un pleito por el segundo lugar.

Frieri resolvió las dudas para la novena entrada y puso en su récord 23 juegos salvados, en 56 apariciones, con 54 entradas lanzadas y ¡80 ponchados!, pero el paso entre la quinta y la octava entrada fue un paso por el infierno para los Angels. Ya en agosto eran líderes de todo el beisbol con 17 derrotas cargadas a sus relevistas.

Baste decir que el veterano y otrora estrella de la novena entrada, Jason Isringhausen, tuvo 50 apariciones en la campaña.

Registró (3-2), pero no pudo salvar un solo juego y en cambio fue líder del equipo con cinco fiascos. Juegos que le entregaron para que mantuviera la ventaja y los echó a perder.

No está de más recordar que este equipo perdió su boleto a la postemporada recién en la última semana del calendario y quedaron tres juegos atrás de los Rangers que fueron segundos y dueños de un boleto comodín.

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Jered Weaver (20-5 y 2.81) volvió a ser el caballo. CJ Wilson (13-10 con 3.83) cumplió. Dan Haren (12-13 con 4.33) estuvo por abajo de lo que puede dar y lo de Ervin Santana (9-13 y 5.16) fue tan malo que ya no está en el equipo. Jerome Williams (6-8 y 4.58).

En la segunda mitad Jerry Dipoto salió al mercado y consiguió el brazo fresco de Zack Greinke (6-3 y 3.53). Ayudó, cobró y se fue. Gracias.

Empezó bateando para .190 las primeras tres semanas y nadie entendía nada.

Luego entró en calor e hizo los ajustes respectivos para los pitchers y a los parques de pelota de la Liga Americana y tuvo una segunda mitad de temporada bastante buena.

Habría que mirar más de cerca si su presencia influyó para que se cayera de manera tan rotunda el rendimiento de Mark Trumbo o si al joven toletero le afectó perder la primera base para alternar apariciones en tercera con Callaspo o compartir con Kendrys Morales el rol de bateador designado, pero en general lo hombres al bate respondieron con números.

Mike Trout (.326, 30 y 840); Torii Hunter (.313, 16 y 92) en su último año. Erick Aybar (.290, 8 y 45), Howie Kendrick (.287, 8 y 67), Pujols (.287, 30 y 105); Morales (.273, 22 y 73) y Trumbo con 2.68, 32 y 95.

Dato al margen el caso de Vernon Wells, un hombre que cobra 23 millones de dólares y que estuvo en apenas 44 juegos para dejar un penoso .230, 11 y 29.

Angels dejan atrás el año de la aparición fulgurante de un jugador franquicia, como lo es Derek Jeter para Yanquis, Justin Verlander para Tigres o Matt Kemp para Dodgers.

Un nombre, Mike Trout, balsámico que ayuda a sanar todas las amarguras de un año en el que los Angels no perdieron los juegos, sino que los regalaron a sus rivales.

Dejan atrás el año raro de Pujols que pudo repetir sus grandes números de antes, pero que aún así no dejó la sensación de aportar el liderazgo que necesitaba el equipo.

La mala historia que cuentan estas líneas es en gran parte la razón por la que Jerry Dipoto se ha disparado a traer lanzadores de todos los rincones.

Entre abridores y relevistas ya llegaron Josh Hamilton, Joe Blanton, Sean Burnett, Tommy Hanson, Ryan Madson y Jason Vargas.

De ellos, Hanson y Vargas, —que no son como Greinke y Haren— tienen cosas para dar.

Los otros, una incógnita, pero de alguna manera una forma de ponerse a salvo después del año en el que los Angels no tuvieron salvación posible.