Migrantes llegan a casa para celebrar

Cumplen su sueño volver al lado de la familia en la temporada navideña

Migrantes llegan a casa para celebrar
Eustorgio Quezada (Izq.), quien llegó de Rialto, Calif., es el invitado especial de su familia en Pilcaya, México.
Foto: La Opinión - Gardenia Mendoza

PILCAYA, México.— En el pequeño patio arbolado de la casa familiar, se mira a Eustorgio Quezada feliz junto a los sobrinos, de plática con el cuñado y entre bromas con la hermana que bate la masa para los tamales de la cena de Navidad en la que él es un invitado especial después de un viaje de varios días desde Rialto, California.

Por la mañana, “Tocho” jugó basquetbol y paseó por este pueblo del estado de Guerrero, ubicado a 140 kilómetros del sur de la capital mexicana, una rutina a la que este emigrante se entrega para disfrutar su patria y olvidar la peripecia del viaje de retorno por carreteras dominadas por el crimen organizado y la corrupción.

“Los policías te quieren sacar dinero por todos lados”, concluye con un dejo de hartazgo porque no ha encontrado otros paisanos de la zona para viajar en caravana como ocurre con otros emigrantes que incluso son custodiados por la Policía Federal desde que cruzan la frontera.

Entre los casos de retorno en grupo más exitosos se encuentra “Bienvenido Paisano” que en los últimos tres años sortearon la tortuosa ruta de delincuentes Zetas en el norteño estado de Tamaulipas procedentes de Laredo, Texas, hasta la sierra del estado de Querétaro (centro), a bordo de más de 70 camionetas con 300 migrantes.

Con otra suerte, Quezada, de 28 años, es un viajero solitario que se adentró al país con su camioneta pickup Nissan, gris, consciente del riesgo de que podría ser víctima de cualquier atraco, desde extorsiones o robo, hasta secuestros de delincuentes o policías.

“Están por todos lados, no importa la ruta que tomes”, resume después de que durante los últimos años intentó por diversas rutas: desde Tijuana a Nuevo Laredo.

La mayoría de los poco más de un millón de mexicanos que regresan a su país cada fin de año, están conscientes de que se juegan la suerte a pesar de que desde 1989 opera el oficialista Programa Paisano que buscar dar mayor seguridad a los migrates de retorno, casi todos con documentos que les permiten ir y venir.

Este invierno comenzó a operar desde el 1 de noviembre en 176 ciudades con 195 módulos fijos y 157 puntos de observación con 947 voluntarios en centros de internación de vehículos, puertos, aeropuertos, central de autobuses, carreteras y garitas de peaje.

El programa incluye los números de denuncia 018002018542 desde México y 18772109469, pero una vez enganchados por malas personas en el camino no hay forma de salir rápido del embrollo sino soltando dinero.

Con todo, Quezada tiene la convicción es que no habría un mejor lugar en el mundo para celebrar el nacimiento de Cristo que en su tierra, donde lo espera su esposa -a quien conoció hace dos años- en una de las ocasiones en que regresó para Año Nuevo y luego partió para trabajar como bodeguero en California.

Del otro lado de la acera, Domingo Mejía dejó atrás los malos ratos de la travesía por el norte del país desde que se enroló al programa de trabajadores temporales en 2008 a través de una agencia de colocación que los lleva cada año a los campos de tabaco de Carolina del Norte.

“El patrón nos lleva desde verano y nos regresa en avión antes de la Navidad”, cuenta en la Nochebuena a lado de su mujer y dos hijos –de cinco y un años de edad- en la pequeña casa que construyó con su mano de obra de exportación.

En el jardín decoró un arbusto con esferas y cientos de lucecitas cuelgan y titilan desde el tejado rojo en señal de bienaventuranza porque el próximo año volverá con mayor brío a cosechar estas tierras guerrerenses y también las estadounidenses.

Es un hombre con suerte: puede ir y venir sin los problemas de otros a quienes desde hace unos años se les complica la movilidad.

Según el Instituto Nacional de Geografía e Informática, en el año 2000, 17 de cada 100 mexicanos que anteriormente emigraban al exterior regresaban, pero actualmente sólo lo hacen 31, sea por el reforzamiento de la vigilancia y los peligros crecientes en la frontera por el debilitamiento del mercado laboral en Estados Unidos.

Mejía se describe y se le mira feliz. Va con una gran sonrisa conduciendo su camioneta por los terregales de un lado a otro, como es la vida del migrante: partirse en dos para llevar felicidad en dos naciones.