Al ritmo de la educación

Al ritmo de la educación

California está entre la espada y la pared en cuanto a la educación. O mejor dicho entre una ley federal imposible de cumplir y un sindicato que se niega a que el resultado de la labor de sus integrantes sea considerado como uno de los puntos de su evaluación. Este dilema fue resuelto de la peor manera.

Como consecuencia las escuelas más pobres que atienden a los estudiantes que aprenden inglés seguirán perjudicadas al verse obligadas a desviar recursos económicos a otros fines que no deberían ser prioridad, especialmente en esta época de recortes presupuestales.

El resultado no debe sorprender. California es uno de los pocos estados que no ha recibido la autorización federal para eludir los requisitos de la ley educativa, No Child Left Behind (NCLB) .

La Administración Obama ha reconocido las serias deficiencias de la ley y respalda un cambio. Mientras tanto, hasta que el Congreso establezca una nueva legislación más adecuada, se seguirán otorgando excepciones a los estados a cambio de que presenten planes estatales educativos rigurosos que, entre sus exigencias, está la de considerar el rendimiento de los alumnos entre los factores utilizados para evaluar a los maestros.

La semana pasada se supo que la petición de California fue rechazada por no incluir las evaluaciones , a las que se oponen los sindicatos.

El argumento oficial del secretario de Educación Tom Torlakson para justificar su acción es idéntica a la expresada con anterioridad por los sindicatos: el costo del cambio es mayor que el dinero federal que se recibe.

El funcionario dio a entender que es preferible perder cientos de millones de dólares, en las áreas más vulnerables de la educación estatal, que miles de millones que sería el costo de implementar los cambios para lograr la exención. En este caso se sabe en detalle del costo monetario de incumplir la ley federal, pero se ignora el de los entre 2,000 y 2,700 millones de dólares que dicen que esto costará. Un desglose nunca viene mal.

Hay 47 estados que solicitaron la excepción al NCLB, 34 ya la obtuvieron —entre ellos Illinois, y Nueva York— junto al Distrito de Columbia, otros tantos esperan el resultado.

¿Será posible que las autoridades escolares de California sean más astutas que el resto de la nación en cuanto a no perder dinero?

¿Y qué en cuanto a la educación de los alumnos, algo de lo que no se habla mucho?

La otra explicación oficial para seguir con su propio sistema, es que California tiene una tradición de marchar a su propio ritmo. Nos preocupa que en este caso los sindicatos de maestros, con su limitado interés, sean los que que están marcando el ritmo.