Año de crisis en Argentina

Crece descontento en ese país por el deterioro de la economía nacional

BUENOS AIRES, Argentina.— La polarización política en Argentina se fortaleció en 2012 con el inesperado regreso de los “cacerolazos”, la convocatoria a una huelga general y la pelea entre el poderoso Grupo Clarín y el gobierno por la polémica Ley de Medios.

El 13 de septiembre pasado, una multitud se concentró en Buenos Aires para repudiar, cacerola en mano, al gobierno de la presidenta Cristina Fernández por temas tan diversos como la inseguridad, la corrupción y la defensa de la democracia.

La “ruidosa” movilización, con miles de cacerolas siendo golpeadas al unísono, nació en las redes sociales y luego fue impulsada por la prensa opositora, pero el éxito en su nivel de convocatoria sorprendió a quienes la apoyaron y preocupó al gobierno.

El repudio, que incluía exigencias para que Fernández renunciara al cargo, se repitió el 8 de noviembre y en esa oportunidad fue aún más multitudinario, pero no tuvo mayor impacto real ante la falta de claros liderazgos opositores.

Lo que sí demostró la marcha fue la cada vez más acentuada división social entre kirchneristas y antikirchneristas, enfrentados por los beneficios sociales alcanzados en esta década que defienden unos y la corrupción que denuncian otros.

La polarización social fue evidente una vez más el 20 de noviembre, cuando un sector de la Central General de Trabajadores (CGT) convocó a una huelga general que si bien no fue tal, porque no todos los gremios se adhirieron a la protesta, sí afectó servicios.

La disputa por la construcción del relato de la realidad entre el gobierno y la prensa opositora redundaron en una caída de la popularidad de la presidenta Fernández de Kirchner, quien termina el año con apenas un 25 por ciento de aceptación.

El bajo nivel de respaldo ciudadano al gobierno de la sucesora y viuda del expresidente Néstor Kirchner está muy lejos del 54 por ciento de los votos que, apenas en octubre del año pasado, le permitieron ser reelecta para gobernar hasta 2015.

Sin embargo, la mandataria argentina cuenta con la ventaja de una oposición política debilitada que no logra posicionar a ningún líder para hacer frente al kirchnerismo.

Por eso es que el principal papel opositor lo han jugado los medios de comunicación, en particular el Grupo Clarín, que a través del diario homónimo y sus cientos de licencias de radio y televisión, replica críticas y consignas contra el gobierno.