En busca del pacto fiscal

Política

Los esfuerzos por evitar el “abismo fiscal” se reactivaron el miércoles, a sólo unos días de que entre en vigencia una serie de alzas de impuestos y recortes de gastos que podría empujar al país a una nueva recesión.

Un acuerdo de gran alcance sobre el déficit parece ya imposible. Pero incluso un pequeño compromiso para evitar lo peor del abismo fiscal parece difícil, puesto que para ello es imprescindible que algunos republicanos apoyen al presidente.

Las esperanzas están hoy más centradas en encontrar un pacto provisional, que, al menos, posponga los efectos más dramáticos.

La estrategia de la Casa Blanca es presentar una nueva propuesta que pueda ser aprobado con facilidad en el Senado con el apoyo de los Republicanos para presionar a continuación a la Cámara de Representantes, controlada por los conservadores, a sumarse también a él.

Obama, ya asume que un probable acuerdo bipartidista en el último minuto tendría un alcance mucho más modesto que el previsto.

Obama ya ha hecho importantes concesiones, como él mismo recordó la semana pasada, al subir de 250,000 a 400,000 dólares anuales el umbral de los hogares que, a su juicio, deben pagar más impuestos para aumentar los ingresos del Estado.

Los progresistas han tenido de repente la deprimente sensación de que se estaba volviendo a repetir lo sucedido en 2011, al hacer el gobierno de Obama una oferta de presupuesto que seguía traduciéndose en ceder terreno en asuntos en los que había prometido mantenerse firme.

Obama básicamente capituló cuando se enfrentó a tácticas similares a finales de 2010, y prolongó los impuestos bajos para los ricos durante dos años más. Volvió a hacer concesiones importantes en 2011, cuando los republicanos amenazaron con provocar el caos financiero al negarse a elevar el límite de la deuda. Y la actual crisis en potencia es el legado de esas concesiones pasadas.

Contrariamente a como se la suele definir, la amenazadora perspectiva de recortes del gasto y aumentos de impuestos no es una crisis fiscal, sino más bien una crisis política originada por el intento del Partido Republicano de tomar a la economía como rehén, utilizando el temor al déficit para destruir el colchón de la Seguridad Social

La historia que cuentan es que los aumentos de impuestos programados a finales de 2012, unidos a los recortes de gasto autorizados harán caer en la recesión a la economía si el Congreso no toma medidas antes de que concluya el año.

Los halcones del déficit quieren dar la sensación de crisis, pues resulta esencial para hacer avanzar su orden del día. Si pasa la fecha límite del 1 de enero, el terreno político se moverá hacia quienes quieren que se supriman los recortes fiscales de Bush a los ricos (pasado ese día, habrán expirado los recortes de impuestos de Bush)

Los halcones del déficit quieren evitar desesperadamente este resultado, pues la crisis de este punto muerto fiscal les proporciona una excelente oportunidad para recortar la seguridad social y Medicare. Por esta razón, los halcones hacen todo lo que pueden por convencer a la opinión pública de que aguardar al 1 de enero para llegar a un acuerdo supondría un desastre económico.

El peligro, claro está, es que el déficit se reduzca en exceso y demasiado de prisa; ya que podríamos estar a punto de recortar drásticamente el gasto y subir los impuestos no porque los mercados lo exijan, sino porque los republicanos han estado usando el chantaje como estrategia de negociación.

Para el economista, Paul Krugman: Este no es el momento para un Gran Pacto porque el Partido Republicano, con su actual composición, sencillamente no es una entidad con la que el presidente pueda llegar a un acuerdo serio.

Si Obama va a hacer frente a los problemas del país —de los cuales el déficit presupuestario es solo una pequeña parte— se le debe hacer un stop al poder que tienen los extremistas del Partido Republicano, dispuestos a tomar como rehén la economía si no se salen con la suya, dice Krugman.

Ya hemos visto cómo el llamado “plan B” presentado por el presidente de la Cámara de Representantes, el Republicano John Boehner, fracasó estrepitosamente al no conseguir apoyos suficientes dentro de su propio partido.

El “plan B” de Boehner habría aumentado moderadamente los impuestos que pagan los realmente ricos, el 0.1%, y hasta eso era demasiado para muchos Republicanos.

Por eso el presidente Obama tiene que tomar una decisión, casi en el acto, respecto a la manera de enfrentarse a la constante obstrucción republicana. ¿Hasta dónde debe llegar para complacer las exigencias del Partido Republicano?

Se le aconseja tomar el camino de en medio: aceptar el abismo, olvidarse del déficit, asumir más deuda y aumentar la inversión pública para evitar la desaceleración económica.

A la economía no le pasará nada demasiado malo si no hay acuerdo fiscal hasta dentro de unos meses de 2013, asegura Krugman. “Así que hay tiempo para negociar”.