Vale una orden ejecutiva

El Presidente puede exigir la aplicación estricta de las leyes sobre las armas
Vale  una orden ejecutiva

La masacre escolar en Newtown despertó un clamor popular para realizar cambios con el fin de impedir la repetición de tragedias similares.

Como primera medida habría que restaurar la pasada prohibición que existía sobre las armas de guerra. Sin embargo, las legislaciones de este se han encontrado con la firme oposición de numerosos legisladores que respaldan las políticas permisivas en el uso de las armas de fuego.

Esta influencia ejercida por la Asociación Nacional del Rifle (NRA), y sus cabilderos, es tan poderosa que hasta en la reforma de salud del presidente Obama colocaron una cláusula que específicamente prohíbe a los médicos obtener “cualquier información en relación con la propiedad y posesión legal de un arma de fuego o municiones”.

Por eso no son buenas las perspectivas de que la Cámara de Representantes, especialmente bajo control republicano, apruebe leyes que ayuden a controlar las armas. En este caso el presidente Obama tiene la opción de usar la orden ejecutiva como lo han hecho sus predecesores.

El alcance de esta acción es limitada porque no puede crear leyes, cambiarlas, anularlas y mucho menos modificar la Constitución, tal como alegan los opositores al control de armas.

La Casa Blanca, como Poder Ejecutivo, puede ordenar internamente la aplicación estricta de las leyes y cambiar prioridades, como lo ha hecho en el área de inmigración.

Se puede, por ejemplo, hacer más eficiente la averiguación de antecedentes cuando se realiza, castigar a quienes registran armas con nombre falso y vigilar mejor las armerías y las ventas privadas en las ferias de armas, entre otras. Hay muchas leyes y regulaciones a las cuales se les puede dar prioridad.

Esto desenmascara la hipocresía de quienes argumentan que no es necesario más leyes, sino hacer cumplir las existentes. Al mismo tiempo, esas mismas personas hacen todo lo posible para sabotear esos esfuerzos, impidiendo la modernización de archivos, quitando fondos para su vigilancia y bloqueando el funcionamiento de la Agencia para el Alcohol, Tabaco, Explosivos y Armas de Fuego (ATF).

El presidente Obama debe utilizar sin titubeos los recursos que ya tienen a manos. No es sufciente, pero puede hacer una gran diferencia.