Hay que pagar las cuentas

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Hay que pagar las cuentas

El pago de la deuda nacional es la sombra que cubre la inauguración del segundo período del presidente Barack Obama. No hay mucho tiempo para celebrar la ocasión.

En el pasado nunca causó controversia el elevar el tope de la deuda, para que el Gobierno pueda pagar a sus acreedores por bienes y servicios. Es el pago de gastos autorizados previamente por el Congreso.

Por eso, es irónico que esté circulando dentro de la bancada Republicana de la Cámara de Representantes la idea de usar la amenaza del incumplimiento de pagos para presionar la Casa Blanca con el fin de obtener recortes de presupuesto. Es irresponsable que quieran repetir lo ocurrido hace dos años donde esta misma negociación condujo a que se elevara el interés de la deuda estadounidense. O sea, que la amenaza de incumplimiento de pagos —similar a la de estos días— causó desconfianza en los mercados, creando el efecto contrario de incrementarla más de lo deseado en un principio.

Por otra parte, es hipócrita que precisamente sea de la Cámara Baja en la que surja la iniciativa de no pagar la cuentas, cuando ellos son los que inician y autorizan el gasto. Esa es una de sus responsabilidades constitucionales.

Es más, si se toma en cuenta el momento en que el presidente Clinton dejó la Casa Blanca con un presupuesto equilibrado, hasta el día la hoy, los republicanos estuvieron a cargo de la Cámara Baja, 12 años en comparación a seis de los demócratas. El celo republicano por la responsabilidad fiscal en la Cámara aparece solo cuando hay un demócrata en la Casa Blanca.

El Gobierno federal alcanzó el 31 de diciembre su límite de 16.4 billones de dólares. Desde entonces el Tesoro ha usado medidas de emergencia para extender e impedir un incumplimiento hasta algún momento entre el 15 de febrero y 1 de marzo.

Esta es la fecha para que se autorice el pago de cuentas. Estados Unidos no puede ser una nación morosa, esperamos que no haya que pasar por el costoso proceso de hace dos años.