Nunca segundas partes fueron mejores

La primera investidura presidencial de Obama se celebró el 20 de enero de 2009, en virtud de las disposiciones de la Vigésima Enmienda a la Constitución. La investidura marcó el comienzo del mandato de cuatro años de Barack Obama y Joe Biden como presidente y vicepresidente, respectivamente.

El tema de la toma de posesión fue el de “un nuevo nacimiento de la libertad”, conmemorando el 200 aniversario del nacimiento de Abraham Lincoln. La segunda investidura presidencial se llevará a cabo el lunes 21 de enero de 2013, siguiendo igualmente las disposiciones constitucionales.

Entre una y otra investidura mucho ha cambiado en la vida de la nación en sí misma y del mundo en general. En la primera había muchas esperanzas de cambio. El “we can” motivó a multitudes de jóvenes a votar por un candidato que ofrecía esperanzas, cambios, giros en la vida de la sociedad americana asustada por los ataques terroristas, triste por las vidas de tantos jóvenes desaparecidos en guerras lejanas, empobrecida por malas gestiones económicas y buitres financieros que acabaron con sueños e ilusiones. Cuando hay un nuevo presidente se desea un cambio.

El último medio siglo el país había sido dirigido por el heredero de una rica familia irlandesa, con aureola de héroe y playboy, quien logró entusiasmar a toda una generación. Al ser asesinado, un ranchero tejano tomó su turno. Después un oscuro abogado californiano mentiroso y alcohólico, aun cuando sacó al país de la maraña de Viet Nam, tuvo que abandonar el cargo por culpa de sus mentiras.

Un predicador sureño metido a cultivador de maní tuvo que enfrentarse a la labor de limpieza moral y de revoluciones fanático-religiosas en países amigos.

Tuvimos un actor de películas de segunda clase quien logró levantar el orgullo americano y luchó por la caída del Telón de Acero, definición que Winston Churchill acuñara para indicar la separación entre el Mundo Libre y el Mundo Comunista. Su paso por las pantallas fue sin pena ni gloria, sin embargo su desempeño en la Casa Blanca marcó un hito en la historia del país y del mundo.

Fue sucedido por su vicepresidente, un leal funcionario gubernamental, ex jefe de espías y diplomático en China y la ONU. Su gestión fue de tan sólo un término, pero dejó sembradas las bases para que el joven y brillante abogado sureño que le sucedió lograra, entre otras cosas, levantar la economía y limpiar los déficits. Sus devaneos de faldas, su pasado hippie, su cinismo no impidieron que su fama aún perdure 12 años después de su salida de la Casa Blanca.

Al hijo del ex espía y embajador, proveniente del poderoso mundo petrolero y ganadero texano, le tocó dirigir el país en uno de los momentos más dolorosos y tristes de su historia, cuando fanáticos y descerebrados destruyendo los símbolos del poder económico, las Torres Gemelas, del poder militar, el Pentágono, nos metieron en una década de odios, sudor sangre, lágrimas y pobreza.

Cuando Obama prometió que se podía cambiar el país, una gran mayoría le creyó. Ahora fueron tan sólo los afroamericanos, los asiáticos, las mujeres solteras y los hispanos. O sea, las minorías. Los retos que tiene por delante son grandes y requieren audacia, decisión y fuerza de convencimiento. Ojalá no se haga realidad nuestro viejo refrán: “nunca segundas partes fueron mejores”.

Tertuliasiglo21@aol.com