Puerto Rico vive momentos difíciles

La Isla del Encanto, como muchos le dicen a Puerto Rico, atraviesa serios problemas sociales, políticos y económicos hace varias décadas. Y las cosas no mejoran.

Jorge Duany, quien hasta hace poco fue Decano Interino de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, hoy es Director del Centro de Estudios Cubanos en Florida International University. Eso no le impide seguir de cerca el acontecer boricua.

La información que Duany proporciona sumada a los datos que salen de la isla sobre la criminalidad, el status político y la economía de Puerto Rico pinta un cuadro triste de un país que hasta hace poco fue la joya de la corona de la política de Estados Unidos en América Latina.

Hace más de 50 años, cuando Luis Muñoz Marín moldeó una relación política y económica especial con los Estados Unidos las cosas eran diferentes. El presidente John F. Kennedy nombró al puertorriqueño Teodoro Moscoso como director de su famosa Alianza Para El Progreso – programa dedicado a mejorar las relaciones con los países del hemisferio.

Por muchos años los académicos compraban los avances económicos en Puerto Rico y los contrastaban con el descalabro que había en Cuba. Eso, decían los expertos, probaba que estar cerca de Estados Unidos era mejor para los puertorriqueños que estar cerca de la Unión Soviética para los cubanos.

Hoy día todavía se comparan los dos países. Y a pesar de todos los problemas que aquejan a Puerto Rico, los boricuas están mucho mejor que los residentes de Cuba.

Hace décadas que Puerto Rico empezó a tener problemas, los cuales se agravaron a partir de 1996 cuando Estados Unidos no renovó una ley que le proporcionaba beneficios tributarios a las empresas americanas que tuvieran ensambladoras en la isla.

Duany precisa que los problemas en Puerto Rico comienzan a mediados de la década de los años 70. Hoy son muchísimos más serios. En el 2011, Puerto Rico rompió récord de homicidios. Fueron 1,135 en el año, o sea un asesinato por cada 100,000 residentes. A la vez el desempleo en la isla se ha mantenido por años por encima del 10%. En noviembre era el 13.6%.

Y a todas estas, los puertorriqueños todavía no se han decidido que status político prefieren – si quieren una versión mejorada del Estado Libre Asociado, si quieren ser un estado de Estados Unidos, o si quieren la independencia. El país está dividido principalmente entre los que quieren mantenerse en la situación actual y los que quieren la estadidad. Los independentistas son una minoría.

En lo único que están de acuerdo los tres partidos principales en la isla es que los puertorriqueños quieren mantener el español como el idioma oficial. Ellos no quieren olvidar sus tradiciones y su cultura. Esto indudablemente dificultaría el convertirse en un estado más en los Estados Unidos, aun cuando los puertorriqueños se pusieran de acuerdo e indicaran que eso es lo que quieren.

En noviembre los puertorriqueños tuvieron elecciones para gobernador y además sostuvieron un referéndum sobre el futuro tipo de gobierno que querían para Puerto Rico. El referéndum fue manipulado de tal forma que nadie en el Congreso de Estados Unidos le ha prestado atención.

Pero en la isla las cosas cada día empeoran. Duany apunta que por primera vez desde los años 50, los puertorriqueños han vuelto a emigrar. En la primera década de este siglo más de 300,000 puertorriqueños abandonaron la isla para vivir en lugares cercanos a Nueva York o en la Florida. La población en la isla está decreciendo.

Alejandro García Padilla, un partidario del actual status, es el nuevo gobernador. El reemplazó a Luis Fortuño que es fiel partidario de la estadidad. Esto no es indicio de nada, ya que en Puerto Rico los partidos ganan y pierden las elecciones cada cuatro u ocho años. Ninguno de los partidos o sus políticos han podido resolver los problemas de la isla.

El Congreso de Estados Unidos sostiene que el futuro de Puerto Rico está en manos de los puertorriqueños. Duany no está de acuerdo. Él cree que el Congreso es quien tiene que marcar la pauta. Y el Congreso de Estados Unidos nunca ha aprobado un plebiscito que comprometa a los puertorriqueños a definir la relación que quieren tener con Estados Unidos. Sin esa definición va a ser difícil resolver los problemas de Puerto Rico.

Guimar123@gmail.com