Se abrigan como pueden

Con o sin hogar, los angelinos intentan lidiar con las bajas temperaturas
Se abrigan como pueden
Sharon Fisk, de 69 años y en silla de ruedas, vive con sus animales en un campamento de desamparados frente a la Placita Olvera de Los Ángeles. 'El mismo frío mata todos los virus', dice.
Foto: Ciro Cesar / La Opinión

En las últimas semanas, los angelinos reemplazaron su usual ropa liviana por sombreros, bufandas y guantes, para hacer frente a la ola de frío que abate al sur de California. Según datos del Servicio Meteorológico Nacional, en varias zonas de los valles de San Gabriel y San Fernando, se registraron temperaturas entre los 20 y 30 grados. Ayer por la noche, en Palmdale, el termómetro llegó a marcar los 14 grados. Y, a pesar de no tratarse de algo inusual en esta época del año, los angelinos no parecen acostumbrarse al frío.

“Nos abrigamos como podemos, usamos todas las cobijas que tenemos, y confiamos en la voluntad de Dios”, señaló Esperanza Zapata, madre de seis mujeres y tres varones.

Zapata contó que en su casa estaban casi todos enfermos. “Salimos de la casa y regresamos corriendo para no enfermarnos. Yo estuve dos semanas con la gripa y ahora la tienen mis hijas”, indicó y agregó que no podía usar mucho la calefacción porque le daba alergia.

¿Su manera de mantenerse abrigada? “Uso un chaleco sin mangas debajo de la ropa y otro con mangas largas encima. Así cuando hago el aseo y me arremango para no mojarme, sigo abrigada y confortable”.

Ayer en la Placita Olvera, un grupo de personas sin hogar, trataban de lidiar con el frío con cobijas y carpas improvisadas.

“El viento es peor que la lluvia, porque no hay cómo refugiarse”, indicó Andrew Summers, quien recordó que cuando llegó al parque que ahora es su hogar, pensó que estaría allí sólo por un día. “Ya van para tres meses que vivo aquí”.

Summers sólo tiene una bolsa de dormir y por la noche sus dedos pierden sensibilidad y le duelen.”Pero hay gente que está peor, porque ni siquiera tienen bolsa de dormir, ni zapatos. Es diferente cuando uno tiene la oportunidad de calentarse con un baño caliente y puede dormir bien. Cuando uno duerme en la calle, nunca se llega a calentar”.

Sentada a su lado, en una silla de ruedas y arropada con una cobija, Sharon Fisk, de 69 años, dijo que por la noche se refugiaba bajo una carpa, que la protegía del viento.

“Antes nos dejaban estar un rato dentro de [Union Station] pero ya no nos dejan entrar. Sólo nos dejan quedarnos bajos los toldos, cuando llueve mucho”, contó.

Fisk dijo que trataba de mantenerse lejos de las personas que tosen y estornudan para mantenerse sana. “Aunque el mismo frío mata todos los virus”, opinó.

Fisk y Summers coincidieron en que la Placita era mucho más seguro vivir que Skid Row y que la iglesia ahí les proveía comida de lunes a viernes.

La mujer, que vive en la Plaza hace seis meses con su perro, su gato y su conejo, dijo que tenía planeado mudarse a Nuevo México en febrero.

“Mis amigos no me creen, pero un día de estos, ato mi carrito de supermercado a mi silla de ruedas, como si fuese un remolque, y me voy”, aseguró.