El mismo reto, con otro camino

Ahora hay nuevos actores políticos y más consenso en la opinión pública
El mismo reto, con otro camino
La influencia del voto latino abre una verdadera oportunidad para aprobar la reforma,
Foto: La Opinión - J. Emilio Flores

WASHINGTON, D.C.— Han sido cinco largos años. La última vez que el Congreso discutió una reforma migratoria integral, requirió de mucho capital político, negociación, liderazgo y apoyo.

Un proceso complicado y extenuante. Ahora el ambiente político es distinto, pero el sistema es el mismo. Se necesitan los votos para actuar.

Las propuestas migratorias de 2006 y 2007 continúan en el consciente colectivo, aunque en Washington, cada año legislativo se multiplica por cuatro, cuando se trata de actuar sobre un proyecto de ley controversial.

“Este debate es sobre el corazón de quienes somos como americanos. Determinará quién puede ganar el privilegio de la ciudadanía. Determinará nuestra fortaleza en separar aquellos que nos han hecho daño, de aquellos que contribuyen a nuestros valores. Determinará el progreso futuro de nuestra nación y de su crecimiento económico”; dijo el legendario senador Ted Kennedy, en 2007, al impulsar la reforma.

Para muchos, esta frase es tan cierta ahora, como lo fue hace cinco años. Pero al hablar del proceso legislativo que deberá enfrentar una reforma migratoria en el Congreso 113, el ambiente político, ofrece más de una estrategia para actuar. Todo depende de cómo se desarrollen los hechos y qué posturas tomen los actores de mayor influencia en la discusión.

Desde un grupo de seis senadores republicanos y demócratas que trataría de impulsar un proyecto de ley bipartidista, hasta una propuesta desde la oficina oval. Legislaciones de menor envergadura en la Cámara de Representantes o incluso, el proceso de “comité de conferencia”, como la instancia donde se definirá todo. Nada está definido aún.

No obstante, lo que está claro en Washington, es que el triunfo o fracaso de un proyecto de ley se define mucho antes de los votos y está más relacionado con las negociaciones privadas, que con el debate en el pleno de ambas asambleas, una vez que la propuesta es sometida a votación.

En el caso de la reforma migratoria de 2007, existe cierto consenso respecto a las razones que llevaron a su fracaso dentro del proceso legislativo.

“En el Senado no fueron capaces de mantener la coalición. Estaba muy fraccionada y el Presidente George Bush no tenía suficiente capital político”, explicó Douglas Rivlin, actual secretario de prensa del congresista Luis Gutiérrez (D-IL) y ex director de comunicaciones de Foro Nacional de Inmigración.

“Además habían dinámicas paralelas muy diferentes frente a los grupos de interés. Ahora siguen existiendo diferencias, pero creo que hemos progresado y pienso que existe una manera de conciliarlas”, agregó.

“El contexto entre ahora y antes ha cambiado tan dramáticamente, no sólo en el aspecto político, pero de opinión pública. El momento en que fracasó el proyecto de ley fue cuando el senador John McCain (R-AZ) se alejó del liderazgo en el proceso. Él se postuló para Presidente y estaba siendo atacado por el frente conservador”, dijo Marshall Fitz, director de política migratoria del Centro para el Progreso Americano.

En general varios líderes y expertos en el área de inmigración coinciden en que una de las ventajas en el proceso legislativo, era tener a un legislador como Kennedy involucrado. Sin embargo, creen que eso se puede compensar, con el efecto de las elecciones 2012.

Ahora, cuando se habla de la principal lección aprendida tras 2007, existen coincidencias. “Necesitamos un Presidente fuerte que diga, esto es lo que quiero hacer, salga, lo diga y repita en televisión, porque no hay nadie que afecte tanto el ciclo de noticias como él”, enfatizó Rivlin.

“Tenemos a un Presidente en una posición mucho mejor para impulsar esto, que la que tenía George Bush en 2007 y eso es un elemento clave”, comentó Fitz.

Los meses entre febrero y agosto serán determinantes para el proceso legislativo de una reforma migratoria en este Congreso. Sólo entonces se podrá comprobar, si las experiencias pasadas fueron útiles y si Washington aprende de su propia historia.