Hombros de gigantes

El presidente Obama debe inspirarse en Martin Luther King y Abraham Lincoln para la reforma migratoria

Inmigración

Isaac Newton, uno de los genios de la matemática reveló: “si he logrado ver más lejos, ha sido porque estaba en los hombros de gigantes”.

Palabras célebres que significa su reconocimiento a otros grandes de las ciencias exactas, como Pitágoras, Copérnico y Descartes, quienes abrieron las puertas del conocimiento y cerraron muchos mitos de la existencia humana.

Al igual que Newton, el presidente Barack Obama no hubiese podido llegar al máximo podio de la política norteamericana si no hubiese sido por el sacrificio de otros grandes líderes revolucionaros. Martin Luther King, Abraham Lincoln y Malcoln X, entregaron su vida para alcanzar un derecho social inalienable: la igualdad.

En un país como Estados Unidos, que está lleno de desigualdades sociales e inmerso dentro de un sistema económico que no hace más que generar y profundizar precisamente esas diferencias, resulta un verdadero reto buscar un artificio jurídico que unifique a blancos, negros, hispanos, asiáticos y otros grupos étnico-nacionales.

En su primera gestión el presidente Obama lo intentó, pero pudieron más los intereses partidistas de demócratas y republicanos. En su segunda gestión tiene un campo con menos compromisos políticos —ya no está la presión de buscar una reelección.

La legalización de más de 1.5 millones de estudiantes indocumentados no debería verse como una gratificación del Presidente hacia la comunidad latina por su apoyo masivo en las elecciones de noviembre, sino que debe tratarse como una cuestión de derecho.

El nuevo DREAM Act debe empezar en la Casa Blanca, como una orden ejecutiva dentro de un proyecto de reforma integral.

En la Cámara Baja la batalla sería más reñida. A pesar de que de los republicanos necesitan del apoyo del electorado latino en las próximas elecciones, existe un porcentaje alto de representantes ultra-conservadores —tal vez nativistas— que no comparten la diversidad étnica y nacional en la Unión Americana. En consecuencia, una reforma integral es incierta a esta altura.

Un amigo mío, José (su apellido no hago público), que reside en la Ciudad de Costa Mesa, ha estado viviendo por más de 45 años en Estados Unidos. Por falta de información y tal vez miedo, José no pudo lograr su residencia legal a través de la reforma de 1986.

Hoy José rebasa los 65 años. Tiene un Seguro Social válido. Año tras año, la Oficina de Seguro Social le informa de sus derechos económicos por sus años de trabajo en Estados Unidos. José solo puede mirar, sollozar y soñar.

Hay mucha gente como José que necesita de una ley migratoria integral. El presidente Obama tiene la respuesta. Sólo necesita ponerse en los hombros de Martin Luther King y Abraham Lincoln para llevar a cabo un proceso legal que incluya una mejor vida para millones de inmigrantes indocumentados.