Cabañas vive una vida distinta

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MÉXICO, D.F.— Hace 3 años, Salvador Cabañas cumplió con su infortunado destino al ver apagada su exitosa carrera futbolística luego de recibir un balazo en la cabeza.

Actualmente tiene 32 años, y ya no podrá volver a jugar en un equipo de Primera División al nivel que tenía cuando le ocurrió el incidente en el Bar Bar, uno de sus lugares favoritos para departir con familiares y amigos.

El daño que sufrió en su cerebro es irreversible, no tiene memoria a corto plazo, tiene la visión izquierda disminuida, no puede cabecear por la bala que tiene alojada y presenta deficiencias cognitivas.

Aún así juega a manera de terapia y para reintegrarse a la vida con el 12 de Octubre, un modesto equipo de la Segunda División de Paraguay.

Su vida ha cambiado radicalmente de lo que tenía en el 2010 y con lo que cuenta ahora.

Actualmente el delantero guaraní está separado de su mujer y de vuelta en la casa de sus padres, en Itaguá, Paraguay.

Ahora divide su tiempo entre ayudar a su padre en la rústica panadería que tienen en casa, y que levantaron hace unos meses y en jugar con el 12 de Octubre donde recibe un sueldo simbólico, pues el equipo no posee los recursos para darle un salario como el que alguna vez llegó a ganar con el América, equipo que le daba cerca de un millón y medio de pesos por mes.

En el conjunto de las Águilas tardaron un par de años en encontrar su relevo, pero hoy finalmente ya no extrañan su goles, aunque en el intento muchos nombres se movieron sin poderle hacer sombra.

Las anotaciones de Cabañas significaban puntos y victorias en partidos vitales e hizo que el equipo se volviera dependiente de la magia de sus botines.