No hay ‘frontera impenetrable’

Con inversiones sin precedentes y estrictas leyes
No hay ‘frontera impenetrable’
Los Zepelines de alta tecnología que en los últimos años sobrevolaron los cielos de Afganistán e Irak en búsqueda de insurgentes tratan ahora de detectar actividades ilícitas en la frontera entre EEUU y México. Los globos dirigibles, que están siendo probados cerca de la ciudad de Río Grande (Texas), están equipados con cámaras sofisticadas y sensores infrarrojos. Esos, y otros sistemas de detección, permiten a los operadores visualizar la actividad a lo largo de la frontera e identificar posibles amenazas como el tráfico de armas o drogas, así como personas que tratan de cruzar hacia EEUU de forma ilegal.
Foto: EFE

Según todas las mediciones objetivas existentes, las fronteras de Estados Unidos están más seguras que nunca, la aplicación de las leyes migratorias son las más estrictas de la historia y cada año se deporta a más gente que antes a sus países de origen.

El tema ha sido exhaustivamente estudiado por expertos y experimentado en carne propia por inmigrantes, residentes fronterizos y hasta por los coyotes o traficantes de humanos, que al ver el cruce volverse más y más difícil, han disfrutado a lo largo de los últimos años un aumento constante en la tarifa que cobran para cruzar a la gente a “este lado”, según estudios realizados por los investigadores de Mexican Migration Project.

Este será un tema clave en la discusión sobre una ley de reforma migratoria que se espera para las próximas semanas y meses en el Congreso de los Estados Unidos, particularmente porque los republicanos insisten en incluirlo como condición para la legalización de indocumentados.

La pregunta es: ¿están seguras las fronteras? ¿Ha tomado Estados Unidos control del flujo migratorio? ¿Puede realmente lograrse este objetivo?

Hace unos días, uno de los principales expertos en inmigración del país trató de explicar a los congresistas del Comité Judicial, en particular a los republicanos, que su persistente idea de que “no se ha hecho nada para proteger las fronteras” no se refleja en las cifras ni en la realidad.

Muzaffar Chishti, investigador del Migration Policy Institute, con sede en Washington, presentó al comité numerosas cifras y conclusiones que apuntan en una dirección: Estados Unidos nunca tuvo las fronteras más seguras que hoy ni las leyes de inmigración jamás fueron tan severamente aplicadas como en la última década.

“El país ha construido una formidable maquinaria de aplicación de las leyes migratorias”, dijo Chishti en su testimonio al comité, realizado en Capitol Hill durante la primera semana de febrero. “La aplicación de la ley se ha convertido en la única política migratoria que hemos tenido en muchos años”.

No obstante, el experto agregó una cosa más: “Este esfuerzo es importante, pero no es suficiente para responder a los retos que la inmigración legal e ilegal presenta a nuestra sociedad…no se trata sólo de aplicar las leyes, sino de alinear la política migratoria con las necesidades laborales y económicas del país y nuestro crecimiento futuro”.

Chishti y otros expertos han señalado que el objetivo de una “frontera impenetrable” que algunos políticos aparentemente aspiran a tener no pudo siquiera ser logrado por la Unión Soviética con su cortina de hierro ni con las partes más protegidas del Muro de Berlín.

“Allí tenían una pared protegida por guardias armados con órdenes de tirar a matar”, dijo Ed Alden, experto de Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. “Y aún así, al menos mil personas lograban franquear dicha frontera”.

“Lo más que se puede lograr es minimizar la inmigración no autorizada”, agregó Chishti. “Jamás se cerrará del todo la frontera. Es como aspirar a tener una tasa de cero crimen en el área de Nueva York. “Nunca va a ocurrir no importa lo que se haga”.

Es indudable que Estados Unidos tiene el sistema policial más famoso y extenso del mundo democrático y sin embargo, en dólares, nada se compara al gasto que actualmente hace el gobierno federal de este país en proteger sus fronteras y aplicar las leyes de inmigración.

Un reciente análisis de MPI lo ilustró mejor que ningún otro:

“En el año fiscal 2012, el gasto en las dos agencias principales del rubro, ICE (Agencia de Inmigración y Aduanas) así como CBP (Protección Fronteriza y Aduanal, incluye la Patrulla Fronteriza), así como el programa US Visit en los aeropuertos alcanzó la cifra de 17,900 millones de dólares”, señaló MPI.

“Eso es 24 por ciento más que el presupuesto combinado de todas las otras agencias de la ley que tiene el gobierno de EEUU, incluyendo DEA, FBI, Servicio Secreto, US Marshals y otras”.

El número de “botas en la frontera” y en el interior del país también han crecido notablemente en los últimos años, una tendencia que lleva ya casi 20 años con el apoyo de varios presidentes, tanto demócratas (Clinton, Obama ) como republicanos (Bush), aunque la mayor inversión se dio después del 9/11 y particularmente, después del último intento de aprobar una reforma migratoria bipartidista, bloqueado en el Congreso en 2006 y 2007.

Para muestra, un botón: la Patrulla Fronteriza tenía poco más de 10,000 agentes en 2004 y ahora tiene casi 22,000, más del doble. Otros 21,000 empleados manejan los puertos de entrada por tierra, mar y aire. En total, ICE, CBP y US Visit tienen más de 81,000 empleados.

Según una investigación de la agencia de noticias AP por medio de documentos del gobierno, la inversión en aplicación de leyes migratorias y control de fronteras ha sido de 90,000 millones de dólares en 10 años.

Esto incluye un gasto en tecnología nunca antes vista en la frontera, como máquinas de rayos equis para carros y trenes, aviones robot o “drones”, cámaras de vigilancia, detectores de imágenes térmicas y sensores de movimiento con alarmas remotas que alertan sobre los movimientos en diversas zonas de la frontera.

A esto se añaden 640 millas de muro fronterizo de alta seguridad colocado en zonas estratégicas y una cobertura en número de agentes que no sólo incluye la frontera, sino centrales de autobús y trenes, las cárceles y otros sitios de control en el interior del país.

Fernando García, director ejecutivo de la Red Fronteriza de Derechos Humanos, un grupo que vigila la situación de la frontera en El Paso y sur de Nuevo México, dijo que en esa zona el crecimiento de las fuerzas de control fronterizo y la aplicación severa de las leyes se sienten con fuerza.

“Hemos visto que los agentes de inmigración tienen mucha más presencia que nunca, no sólo en la línea sino en las comunidades del interior”, dijo García, añadiendo que la cantidad de agentes ha llevado a más trabajo en la calle, fuera de las fronteras y a instancias de uso de “perfil racial”.

“Hay más patrulleros en todas partes, en bicicleta, caballos, motos. Hacen revisiones en carros e incluso hemos visto muchos casos en los que detienen a personas con papeles y ciudadanos por no llevar documentos encima sólo porque lucen latinos” ,añadió el activista.

Un reciente estudio de la Escuela de Leyes de la Universidad de Nueva York halló, por ejemplo, que agentes de la Patrulla Fronteriza operan en el área de Rochester, Nueva York, entablando conversaciones “casuales” con inmigrantes en autobuses, trenes y estaciones, y hasta en cualquier esquina, para determinar si tienen documentos.

A esto se añade la implementación en todo el país de programas como Comunidades Seguras, que se inició como programa piloto en el segundo período del Presidente George W. Bush y fue expandido a todo el país por el gobierno de Barack Obama.

Decenas de miles de personas han sido deportadas debido al programa, que utiliza las huellas digitales de personas arrestadas en cualquier jurisdicción local y las compara con bases de datos nacionales, identificando a posibles “deportables”. Este programa ha servido para identificar no sólo a personas convictas de delitos previos, sino a inmigrantes recién llegados y otros anteriormente deportados o fugitivos de órdenes de deportación de hasta 20 años atrás.

Los resultados producidos por la inversión en control fronterizo y la dura aplicación de leyes migratorias han sido concretos.

La inversión en control fronterizo y de los sistemas de control de visitantes, así como la acumulación de leyes restrictivas que facilitaron la deportación y exclusión de más categorías de inmigrantes, han resultado en un aumento constante del número de deportados durante los últimos años.

De acuerdo a MPI y a cifras del Departamento de Seguridad Nacional, entre 1990 y 2012 Estados Unidos deportó a 4.4 millones de personas. Casi la mitad, 1.9 millones de personas, fueron deportados entre 2008 y 2012, entre el último año del gobierno de Bush y el primer período de gobierno de Barack Obama. Las últimas cifras de deportaciones revelan que el año fiscal más reciente rompió todos los anteriores records: casi 410,000 personas.

Las deportaciones también han cambiado, ya no es únicamente: “detente y date la vuelta” como era antes.

“Sabemos que de unos años para acá, principalmente los últimos diez, se han aplicado otras medidas. Por ejemplo, ahora ya es muy difícil que dejen que te vayas sin ficharte, sino que te fichan y si vuelves la segunda vez ya te acusan de un delito”, señaló Muzaffar Chishti, investigador del Migration Policy Institute.

El nuevo sistema también prioriza las órdenes formales de deportación que prohíben el regreso al país entre 5 a 20 años, da más poder a los agentes de ICE y Patrulla Fronteriza para ordenar la deportación rápida de individuos sin pasar por tribunales y les permite hacerlo en forma “expedita”. Por ejemplo, en el año fiscal 2011, más del 60% de las deportaciones se llevaron a cabo sin una audiencia en tribunales y una tercera parte se hicieron en forma expedita o “expresa”.