Acoso sexual en campos del estado

Mujeres sufren los abusos en silencio por miedo a ser deportadas

Muchas de las campesinas trabajan  cubiertas de pies a cabeza para protegerse del sol, pero también de los agresores.
Muchas de las campesinas trabajan cubiertas de pies a cabeza para protegerse del sol, pero también de los agresores.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

HURON.— A Elizabeth, la garganta se le hace nudo, sus ojos se humedecen y su voz se quiebra cuando recuerda el abuso sexual que vivió durante diez de los 16 años que trabajó en los campos.

“Nomás le dicen a una: vete por tus cosas y súbete a la troca porque te vamos a llevar a otro lado a trabajar”, recuerdaElizabeth, quien dejó de trabajar hace un año cuando tuvo un problema con un maquinista por defender a otra joven campesina que estaba siendo acosada.

– ¿Quiénes la molestaban?

– El supervisor y el mayordomo, pero todos son iguales. Uno los oye decir, mándame a la fulanita, y te disparo uno de 12, uno de 6. A uno le dice: no vas a sortear ahora. Vas a ir a recoger basura. Lo dejan a uno solo en el field y al rato llegan ellos. Y uno tiene que hacer lo que le dicen.

La mayoría de las campesinas trabajan toda la jornada, cubiertas de pies a cabeza, con pañoletas, cachuchas para protegerse del sol y el polvo, pero Elizabeth explica que los agresores las “escogen” por el cuerpo.

“Yo tenía 30 años. No tenía nada de panza. Ahora voy a cumplir 49”, expresa con tristeza la mujer.

Para la organización no lucrativa de defensa de las mujeres campesinas en California, “Líderes Campesinas”, este relato no es una sorpresa , sino una realidad constante.

De hecho, una encuesta hecha en California reporta que 90% de mujeres campesinas señalan que el acoso sexual es un gran problema. Un acoso que en algún momento pasa a convertirse en asalto sexual.

“Estas cifras son de los 80’s pero esto no ha mejorado”, considera Suguet López, directora de Líderes Campesinas.

“Lamentablemente el acoso y asalto sexual persisten en la agricultura, pero no todas las mujeres se atreven a confesar porque hay mucho mitos y tabúes. Toma bastante valor a las campesinas atreverse a hablar. Además provienen de pueblos chicos donde sus abusadores por lo general también viven”, explica López.

Muchas mujeres campesinas temen reportar el acoso debido a que la mayoría son indocumentadas. “Tienen miedo a llamar al 911 cuando las están agrediendo por temor a ser deportadas. “Más ahora que la policía coopera con migración a través del programa Comunidades Seguras”, dice López.

“La gente que como yo, que no tienen papeles, no sólo le dan más carrilla en el trabajo sino que se aprovechan de eso para abusarla sexualmente en el campo. Lo amenazan a uno de echarle migración”, dice Elizabeth, quien vive en Huron, un pequeño poblado en el Condado de Fresno, en el Valle Central de California, donde también habitan los supervisores y mayordomos que, asegura, la molestaron sexualmente.

El maquinista simplemente la acusó de no estar trabajando bien para despedirla, sostiene.

Huron bien podría confundirse con una colonia modesta de cualquier ciudad mexicana. Está en medio de las tierras de cultivo, no tiene el menor asomo de modernidad, y abundan en sus escasas – pero amplias calles- las tiendas y taquerías mexicanas. Por donde se voltee se observa gente latina.

“Aquí viven puros trabajadores del campo. Los dueños de los ranchos tienen sus casas en Fresno”, cuenta Elizabeth, indicando que el acoso y abuso sexual en el campo se da porque las mujeres que trabajan ahí tienen necesidad y miedo de perder el trabajo.

“Debíamos 5,000 dólares al coyote. Y ellos lo forzaban a uno. Casi por lo regular, todas éramos indocumentadas. La mayoría de El Salvador, sólo yo era mexicana en esa compañía. Pero todas sabíamos del abuso sexual, aunque nunca decíamos nada entre nosotras. Es muy vergonzoso”, afirmó.

Según el último censo de 2010, en Huron había 6,754 residentes diseminados en un área de una 1.5 millas cuadradas. Es considerada la ciudad con la mayor población hispana del país. En tiempos de cosecha, llega a dar cabida a 15,000 trabajadores temporales.

De acuerdo a López, las campesinas no se atreven a denunciar en parte también por el qué dirán, el desprestigio, y por temor a que no les crean.

Mily Treviño- Sauceda, hija de inmigrantes mexicanos, quien en 1992 fundó la organización Líderes Campesinas, en el Valle de Coachella, explica que ella misma fue objeto de acoso sexual y que para evitar que sus compañeros de trabajo la “manosrearan” y pasar desapercibida, dejó incluso de usar maquillaje.

El año pasado con el apoyo de la organización Líderes Campesinas, Elizabeth Huerta presentó una queja por acoso sexual a la Comisión de Oportunidades Equitativas del Empleo (EEOC).

“No ha pasado nada, dicen que están investigando”, dice un tanto desanimada Elizabeth, casada con un trabajador del campo y madre de cinco hijos.

La directora de Líderes Campesinas explica que casos como el de Elizabeth pueden tardar años porque lleva mucho tiempo buscar testigos y, a veces, la comisión encargada no tiene el personal suficiente.

“Nosotros los investigamos pero tenemos poco personal: tres investigadores en Fresno y menos de 20 en Los Angeles para todo tipo de quejas por discriminación en toda el área laboral, no sólo en el campo”, sostiene Christine Park-González de la Comisión de Oportunidades Equitativas del Empleo (EEOC), donde se sospecha que los casos de abuso sexual en el campo son muchos más de los que se reportan.