Pulso del español

No se debe circunscribir la larga historia del idioma en Estados Unidos al debate migratorio

La Cresta de la lengua

Hay quien piensa que el español ha llegado anteayer a Estados Unidos. De ahí que inconscientemente tanto propios como extraños lo asocien con la emigración. Nuestra lengua es anterior a cualquier migración incluida la de los hablantes de inglés. Nuestra lengua es compañera de viaje de las lenguas indígenas nativas americanas. Esto explica que el jefe apache Gerónimo la tuviera como lengua propia para hablar con los europeos. En las fotos en que aparece hablando con representantes del ejército de Estados Unidos él hablaba en español. En español asimismo dictó sus memorias: “Soy apache”. Porque no las dicto para los apaches.

El español se mantuvo durante el siglo XIX en Estados Unidos gracias a los hispanos del suroeste que tuvieron a gala inventarse un sistema de educación basado en la prensa. Más de 300 publicaciones en 1880 avalan lo dicho. En el resto hispano de Estados Unidos el español languideció como resultado de la ausencia de una educación en esta lengua.

La llegada de nuevos hablantes rejuvenece el colectivo de los hablantes. En el sudoeste ocurrió primero con la Revolución Mexicana y después con la Segunda Guerra Mundial, que si bien por un lado forzó la emigración interna de los hispanos a las ciudades, con la consiguiente pérdida de parte del español rural; por otro lado permitió la llegada de olas modernas de emigrantes del exterior. Tiempo después habrá otras inmigraciones hispanas motivadas por persecuciones políticas —refugiados— u otras de motivación más prosaica y elemental. Así reaparecerán los hispanos en Florida o florecerán en la Costa Este

En la Guerra Civil (1861), que no se sabe, intervinieron cinco mil soldados hispanos de Estados Unidos, y la mayoría no sabía hablar inglés. Las órdenes se daban en español. Es el caso de los milicianos de Nuevo México a los que comandaba Kit Carson en su primer regimiento de caballería. Miguel Pino estuvo al mando del de infantería.. En el este se recogen casos aislados como el del almirante Farragut.

No es posible valorar el lugar del español en nuestro país sin entender el paso de testigo de los hablantes de español del siglo XIX a los emigrantes hispanos contemporáneos. El único inconveniente de esta realidad, y con el que hay que convivir hoy, es que se pase a identificar a la lengua con la inmigración reciente, a veces desordenada, y no con una herencia que precede al mundo anglosajón.

Si mañana se consigue una ley de inmigración, ¿se quiere satisfacer a la América hispana de Estados Unidos o a la comunidad inmigrante contemporánea? Las preocupaciones de los latinos (o hispanos de nuestro país) no parecen estar precisamente encabezadas por asuntos de emigración, más se habla de educación, trabajo y reconocimiento social; prestigio entre otras cosas.

Sorprende por ello que se diga —se escucha con demasiada frecuencia— que entre las aspiraciones de los hispanos, tal como se cuenta en un anuncio comercial de nuestra televisión, esté la de visitar su país. ¿Cómo que visitar su país? Si éste es nuestro país. Querrá visitar su país aquel que no sea de este país. Aquí necesitamos para nuestros asuntos a hispanos de este país. Nuestros problemas no son migratorios sino de futuro como comunidad con peso específico en las decisiones de nuestro país. Por ello, que no se simule componer nuestro futuro con leyes de inmigración. Nuestra presencia social, nuestra educación y nuestro trabajo no se compran con leyes de inmigración.