A 50 años del fallo Miranda que protege a detenidos

El arresto de Ernesto Miranda llevó a un histórico fallo en favor de detenidos
A 50 años del fallo Miranda que protege a detenidos
El capitán de policia retirado Carroll Cooley demuestra en el Museo de la Policía de Phoenix en Phoenix, cómo tomaron las huellas digitales de Ernesto Miranda hace 50 años en el dispositivo de huellas dactilares que aun se utiliza en Miranda. Cooley fue el agente que detuvo a Miranda en un caso que creó la referencia legal y creó los llamados Derechos Miranda que la policía utiliza al detener a un sospechoso.
Foto: AP

PHOENIX — “Tiene usted el derecho de permanecer callado”: cientos de películas y series policiales han familiarizado al mundo con esa frase.

Hace 50 años, el arresto de Ernesto Miranda en Arizona llevó a un histórico fallo de la Corte Suprema sobre los derechos de los detenidos, y la obligación de la policía de leerlos al realizar un arresto.

Hoy eso se conmemora con una exhibición que influye la famosa confesión manuscrita desestimada por el alto tribunal. La advertencia implementada desde entonces de que los detenidos tienen el derecho a no decir nada, que todo lo que digan puede ser usado en su contra en un tribunal y a tener la asesoría de un abogado fue en parte el resultado del arresto de Miranda en Phoenix el 13 de marzo de 1963.

Miranda fue declarado culpable de secuestrar y violar a una mujer de 18 años en Phoenix. Pero la Corte Suprema concluyó que no se habían protegido los derechos del acusado a no autoincriminarse y a tener un abogado presente durante el interrogatorio.

La muestra del miércoles en el Museo de la Policía de Phoenix —en el edificio del centro de la ciudad donde ocurrió la confesión— incluye una foto de prontuario del hombre cuyo caso cambió la forma en que la policía trata a los detenidos.

El jefe de la policía de Phoenix, Daniel García, dijo que el departamento ha aprendido la lección.

“Cambió (los procedimientos) policiales”, dijo. “Antes de esto la justicia podría haber estado a favor de la policía, pero ciertamente no a favor de la justeza y de proteger los derechos de los sospechosos”.

Miranda inicialmente negó tener nada que ver con el delito, pero al final confesó por escrito tras unas dos horas de interrogatorio. Un párrafo mecanografiado encima de la confesión indicaba que la declaración era voluntaria y bajo el entendimiento de que lo que los arrestados le dicen a la policía puede usarse en su contra.

La Corte Suprema indicó que la parte mecanografiada no era una exención a los derechos de Miranda.

Después del fallo, Miranda quedó preso por otro delito y fue declarado culpable nuevamente de secuestrar y violar a la mujer de 18 años. Los fiscales del segundo juicio no usaron la confesión, sino que se basaron en el testimonio de una mujer cercana a Miranda.

El hombre fue liberado bajo palabra con el tiempo y fue asesinado a puñaladas durante un juego de cartas en febrero de 1976 en un bar del centro de Phoenix.

La histórica decisión de la Corte Suprema lleva el nombre de Miranda, pero la decisión salió del caso de Arizona y de otros similares que se vieron juntos.

El fallo indicó que los fiscales no pueden usar las declaraciones de una persona a la policía a menos que demuestren que hubo salvaguardas de procedimiento para proteger los derechos de esa persona a no inculparse a sí misma. El tribunal falló que los arrestados deben ser advertidos antes que la policía los interrogue que tienen el derecho a no decir nada, que cualquier cosa que digan puede usarse en su contra en un tribunal y que tienen el derecho a contar con un abogado presente durante el interrogatorio.

Carroll Cooley, capitán retirado de la policía, quien arrestó a Miranda en el caso que llegó a la Corte Suprema, dijo que lamenta la forma en que contestó a una pregunta clave, respuesta que cree probablemente llevó a que se desestimara el fallo de culpabilidad de Miranda.

La pregunta, hecha por el abogado de Miranda, fue si Miranda estaba bajo arresto en el momento en que lo interrogaron.

Cooley dio que no pensó mucho la respuesta y respondió que “sí”, pero hoy desea haber dicho que “no”, porque los agentes no tenían causa probable para arrestar a Miranda antes de la confesión. “Cuando pienso en el pasado, si hubiera contestado ‘no’, quizás no estar hoy hablado aquí”, dijo Cooley.