Héctor Guerra tiene ‘Amor’

De París a Madrid o de Perú a México son las influencias migrantes de este español con raíces bolivianas que promueve 'Amor', su primer álbum como solista
Héctor Guerra tiene ‘Amor’
Héctor Guerra durante grabación de uno de sus videos en el barrio de la Misión, San Francisco.
Foto: Suministrada

Un “nacido y criado entre dos mundos”. Así se autodefine Héctor Guerra. El rapero español es hijo de bolivianos y actualmente reside en México, desde donde lidera el colectivo de hip-hop más grande de Latinoamérica. “Soy demasiado latino para los europeos y demasiado europeo para los latinos.”

Después de años de crecimiento y lucha incansable en la escena hip-hop madrileña con su grupo Pachamama Crew, Guerra encontró nuevo hogar en México, y desde entonces su carrera como solista lo propulsó a niveles de exposición sin precedentes, colocándolo como uno de los nuevos paladines del género, a nivel internacional.

“He encontrado en México un sitio donde me siento muy identificado”, explica Guerra, y agrega que es la identidad mestiza de México lo que lo atrajo. Si bien sus padres llegaron de Bolivia al sur de España en los años ochenta, Guerra se crió sin identidad de minoría inmigrante. Andalucía era su único hogar y no se sentía del todo cómodo en sus visitas periódicas a la tierra de sus padres. “En esos viajes con mis padres a Bolivia me iba dando cuenta de muchas cosas, me daba cuenta que mi personalidad, mucho de mi ser tenía que ver con mi tierra”, y agrega: “Musicalmente ahora comprendo muchas cosas que no me daba cuenta ahí. Músicas que yo escuchaba ahí y antes decía esto no me gusta, y ahora lo veo como un tesoro. Música andina principalmente.”

Irónicamente, fue en Francia donde se reconcilió con sus raíces y su identidad de inmigrante sudamericano. Después de abandonar sus estudios en la Universidad de Granada —ciencias políticas y sociología—, Héctor se mudó a París junto a un amigo DJ. “En Francia, la gente de mi generación eran hijos de inmigrantes como yo, pero de africanos”, recuerda Guerra; “Yo veía que a ellos les decías: ‘tú de dónde eres’, y contestaban: ‘yo soy de Marruecos’ o ‘yo soy de Argelia’. Nunca decían que eran franceses. Y yo decía, ‘pero tú has nacido en Francia’. Pero ‘no, no, yo soy de Argelia’. Una identidad súper fuerte. A pesar de estar en Francia, buscaban las raíces de sus papás. Entonces yo me sentí así, también, pero con Bolivia. Eso en Andalucía no me pasaba. Yo no tenía amigos inmigrantes, era como el único en el colegio”.

De regreso de París a la capital española el panorama le cambió por completo. Héctor Guerra se encontró de golpe con el boom de la inmigración latinoamericana en Madrid. “En el 2006 España se llenó de inmigrantes: ecuatorianos, bolivianos, chilenos, argentinos, dominicanos, mexicanos. Entonces llegué ahí y me quedé loco: ‘Esto es como París, pero en vez de africanos, latinos, ¡me quedo aquí!'”.

Ese fue el génesis de Pachamama Crew, un grupo de artistas de hip-hop de procedencia latinoamericana, con base en Europa. Hoy, Pachamama Crew tiene “entre 60 y 100 miembros activos, en Madrid nada más”, según especula su fundador y líder. A eso hay que agregarle los miembros que han ido reclutando posteriormente en Latinoamérica y ahora también Estados Unidos, a través de sus exitosas giras.

El año pasado, una de esas autogestionadas giras trajo a Héctor a la Bahía de San Francisco, en California, donde de inmediato se conectó con la escena local. De allí surgieron sus colaboraciones con artistas como Sistema Bomb y Bang Data, incluidas en su disco solista debut, Amor, lanzado de manera independiente en diciembre de 2012.

Al comparar la experiencia de la comunidad inmigrante latina en Europa, con lo que vio en Estados Unidos, Héctor asegura que las diferencias no son tan grandes. Si bien “los inmigrantes latinos aquí llevan mucho más tiempo y por eso están mejor organizados, y allá recién empiezan”. El tema del racismo y la xenofobia hacia el inmigrante “es igual en todas partes”.

“Después de haber viajado tanto, de las ciudades más pobres a las más ricas, el racismo y el rechazo hacia los inmigrantes lo he visto igual en todas partes,” reflexiona Guerra.”En Bolivia te dicen: ‘es que en Europa son muy racistas’, pero vas a Bolivia y ves que los bolivianos también son racistas entre ellos. Vas a República Dominicana, y dicen: ‘es que los europeos son muy racistas’, pero luego ves cómo ellos tratan horrible a los de Haití. En México escuchas ‘es que los estadounidenses son unos racistas’, pero los mexicanos con los centroamericanos se portan como unos cabrones”, y concluye: “Entonces, al final todos les echan la culpa al otro de ser racista, pero nadie quiere admitir el problema propio”.