Infierno en Siria

Este es el momento de mediar militarmente antes de que jihadistas y otros radicales islámicos tomen una decisión

Daños causados por la caída de dos bombas lanzadas con morteros cerca del orfanato de Dar al Aman en Damasco, Siria, el 14 de marzo pasado.
Daños causados por la caída de dos bombas lanzadas con morteros cerca del orfanato de Dar al Aman en Damasco, Siria, el 14 de marzo pasado.
Foto: EFE

Mundo

El conflicto bélico que azota Siria ya rebasó los dos años. De acuerdo a los reportes, el número de muertos ya está por llegar a 100,000 personas. Sin embargo, nunca vamos a saber los daños reales de los perecidos, tampoco tendremos una cifra exacta de las pérdidas materiales.

Siria está en ruinas. Siria tiene en Bashar Al-Assad a un verdadero monstruo al mando de sus fuerzas armadas. No le importa matar con tal de mantenerse en el poder. Mueren niños, gente de la tercera edad, mujeres y en general todo lo que está dentro de su territorio.

La vida silvestre, la flora, el habitat de los animales se han convertido en sus tumbas y en un campo de exterminación. Al-Assad es un tirano que debe ser juzgado por su propia gente y las leyes internacionales.

Platón, en su obra seminal La República, nos describe los diversos sistemas políticos existentes en la antigua Grecia. Tanto para él, como para su maestro Aristóteles, nos enseñan que la tiranía es el peor de los gobiernos que se ha configurado en la faz de la tierra.

¿Hasta cuándo el gobierno de Barack Obama va a mantener su posición ‘neutral’ contra el tirano? ¿En que momento la población norteamericana va a presionar a su gobierno para poner fin a esta encarnizada guerra?

Recientemente se informó que el gobierno sirio —aunque éste también imputa a los rebeldes— utilizó armas químicas contra su propia población. Sin importar de dónde provengan este tipo de armas, el gobierno norteamericano debería hacer cumplir la promesa de intervenir en el primer momento que el gobierno sirio hiciera utilidad de armas de destrucción masiva.

Sin embargo, Estados Unidos no lo hace. Las razones pueden ser obvias como también no lo son. A diferencia de Libia u otros países árabes, Siria no tiene petróleo. Entonces una intervención militar no le rinde réditos económicos a los intereses norteamericanos.

En términos geopolíticos, la presencia de una débil Siria favorece el balance de poder de la región, particularmente a Israel y a Estados Unidos. Debido a que Siria tiene alianzas militares y políticas con Irán, su debilidad dejaría abandonados a los iraníes.

Asimismo, el gobierno norteamericano presiente que hay una insurgencia radicalizada en algunos sectores de este país. El nuevo secretario de estado, John Kerry ha manifestado que Estados Unidos no va a armar a los rebeldes pero si proveerá ayuda humanitaria.

En base a los elementos mostrados anteriormente, pareciera que existen suficientes razones para no intervenir en Siria. Sin embargo, estratégicamente este es el momento de mediar militarmente antes de que jihadistas y otros radicales islámicos tomen por completo el sistema político de este país.

Es cuestión de que el presidente Obama se decida en una intervención militar, la cual pondría fin a la matanza infernal de un tirano y produciría muchos beneficios políticos en la región.