Diferencias de migración

Inmigración

Si sólo pudiéramos poner de cabeza la afirmación de Jeb Bush —lo que dijo referente a negarles a los inmigrantes indocumentados una vía hacia la ciudadanía— su nuevo libro podría haber sido un aporte de lo que mucho se requiere, sentido común, dentro del debate sobre la reforma migratoria.

El libro, Immigration Wars: Forging an American Solution, escrito en colaboración con Clint Bolick, causó revuelo cuando los críticos encontraron que Bush se había revertido contra su posición anterior en cuanto a la vía hacia la ciudadanía para los inmigrantes indocumentados. Antes Bush estuvo a favor, ahora está en contra.

No obstante, en una crítica publicada en el Washington Post, Manuel Roig-Franzia indica que el argumento de Bush es “convincente, a favor de más, no de menos” migrantes al país. Además, a Roig le parece extraño el endurecimiento de la posición de Bush en cuanto a la ciudadanía en un momento en el que “los republicanos se desesperan por cotejar a los hispanos”.

A mí me parece, sin embargo, que lo que en realidad subyace el tema no es la ciudadanía sino la calificación para votar.

Si los que tienen 18 años de edad o más —de entre los supuestos 11 millones de personas indocumentadas— , fueran a lograr la ciudadanía y calificar para votar, con ellos se podría ver el final de la competitividad del Partido Republicano en los comicios nacionales, si es que los republicanos solitos no la están llevando a cabo ya. Es una conclusión lógica, ya que los inmigrantes suelen favorecer al partido bajo el cual lograron la ciudadanía.

Referente a este asunto, parece que ya está el compromiso el presidente Obama. La revelación de información sobre el tipo de programa que prefiere él, sugiere que las personas actualmente indocumentadas tendrían que esperar un mínimo de ocho años para llegar a calificar para la ciudadanía. Lo que esto implica en realidad es “la imposición de impuestos sin representación” y una manera de suprimir el voto mediante la calificación diferida, ya que al diferir el derecho al voto, en efecto se deniega el derecho al voto.

Además, la noción de Jeb Bush, como parte de su estrategia de seis puntos, incluye una política migratoria futura “con base en la demanda”, la cual anima a futuros inmigrantes a venir aquí para ocupar un lugar dentro de la fuerza laboral. Pero lo que no hay es una exigencia estadounidense de personas refugiadas o migrantes que huyen del cambio climático o de depresiones económicas o calamidades. Lo que quiere decir él es que queremos una política migratoria elitista “selectiva” de científicos, ingenieros, doctores y otros profesionales nacidos en el extranjero y bien preparados.

Esta perspectiva sugiere que más vale ya ponerle un rótulo “se vende” a la Estatua de la Libertad, y declarar un final a nuestro pasado romántico, nada comercial, descritpo como un faro para el mundo que antes decía “Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad”…

Lo que le falta al libro es una simple aceptación de los hechos. Uno de los hechos es cómo se confunde la migración con la inmigración. Como señaló un informe del 2012 del Centro Hispano Pew, la naturaleza cíclica de la migración hacia los Estados Unidos ha venido decayendo desde el año 2007. Un análisis del Financial Times indica que cayó de 770,000 en un año a finales de los 1990, a 140,000 en el 2010.

La migración neta en realidad ha sido negativa entre el 2005 y el 2010, en lo que migraron más personas desde los Estados Unidos a México que los que vinieron de México a los Estados Unidos, según el Financial Times.

Con este tipo de vaivén de movimientos de la población, la gente no tiene que rabiar ni carraspear —como antes animaba Lou Dobbs hacer a su público— lo cual provoca la xenofobia con base en la invención de los hechos. Para empezar, una simple medida abriría las conversaciones entre Canadá, los Estados Unidos y México, posiblemente a través del Tratado de Libre Comercio norteamericano, para establecer una residencia norteamericana entre los que viven sobre este continente. En América del Norte, el movimiento de la población no tiene que hacer con la inmigración, tiene que hacer con la migración.

Se volvería irrelevante el estado legal llamado “indocumentado” para un 60% ó 65% de los migrantes que ya se encuentran en este país. Ellos ya cumplen con los objetivos de “demanda” por sí mismos y por sus hijos, como se desglosa en el libro de Bush. Su estado legal en gran parte es cuestión de abolir las leyes localistas de Estados Unidos contra las personas provenientes de nuestro propio continente.

Sólo entonces podremos iniciar la conversación, como propone Jeb Bush, sobre una reforma migratoria del siglo XXI que cubra los Estados Unidos. Si logramos hacer esto, posiblemente no tengamos que poner en Ebay la Estatua de la Libertad.