Conmemoran muerte de Monseñor Romero

Salvadoreños en Los Ángeles recuerdan el 33 aniversario del asesinato del religioso

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Conmemoran muerte de Monseñor Romero
El Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, en una foto de agosto de 1977. Los salvadoreños esperan que el nuevo Papa acelere su beatificación
Foto: AP

Joyce Lemus, al igual que muchas jóvenes católicas de la década de los 80 en El Salvador, conoció la obra de Monseñor Oscar Romero, llegando incluso a pertenecer a las Comunidades Eclesiales de Base que él apoyó. Sin embargo, nunca pensó que llegaría a formar parte de su familia.

“Él nos dio un testimonio de vida, por su forma de ser, más que todo cuando se convirtió y se dedicó para ayudar a toda la gente pobre en aquellos momentos duro de represión para nuestro país”, dijo Lemus, cuya suegra era prima directa de Monseñor Romero. “Él era una persona que luchaba por lo justo”.

Lemus y su esposo, Rafael Montiel, quien actualmente no se encuentra en el país, han inculcado en sus hijos el respeto y la admiración por Monseñor Romero, además del orgullo de ser su pariente, aunque sea lejano.

“Me siento orgullosa de llevar aunque sea una gotita de la sangre de Monseñor Romero, porque a través de la historia y de lo que mis padres nos han enseñado, nos hemos dado cuenta que fue una gran persona que siempre ayudó a su pueblo y que siempre estaba denunciando las injusticias que hacían en aquel tiempo”, dijo Joyce Montiel, de 14 años, en referencia a las enseñanzas que han recibido ella y sus dos hermanos sobre el Arzobispo Romero, añadiendo que personas como él son las que se necesitan actualmente.

Hoy se conmemoran 33 años de la muerte de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado en horas de la tarde de un 24 de marzo mientras oficiaba misa en la capilla del Hospital Divina Providencia en San Salvador, donde vivió durante los tres años que fungió como Arzobispo de San Salvador.

Monseñor Romero, quien tenía 62 años a la hora de su muerte, fue una persona que se dedicó, durante sus tres años como arzobispo, a denunciar los abusos del gobierno en contra de los ciudadanos comunes, ganándose el odio de las altas cúpulas jerárquicas y el amor de los pobres, quienes se sentían oprimidos y sin esperanza de ser escuchados.

Teresa Salguero recuerda la labor de Monseñor Romero, cuando iba a las misas en la Catedral Metropolitana para verlo y escucharlo. Para ella era una persona muy compatible que le llegaba al corazón del pueblo.

“Siempre tuve un concepto de él de que era un hombre muy bondadoso, muy generoso”, dijo Salguero mientras se encontraba vendiendo pan en el Consulado General del El Salvador, labor con la que se mantienen ella y su esposo discapacitado. “Creo que la liberación que él llevaba, era esa liberación de ver, de mirar quizás las consecuencias en que estaba el país que a él no le gustaba”, añadió Salguero.

Entre sus seguidores en Centroamérica se refieren a él como San Romero”, aunque oficialmente no ha sido beatificado por la Iglesia Católica. Sin embargo, existen expectativas de que la llegada del nuevo Papa Francisco, acelere un poco el proceso, iniciado en 1994, como ocurrió con las canonizaciones durante el papado de Juan Pablo II.

Pero además de ser candidato a santo, el 21 de diciembre de 2011 las Naciones Unidas declararon la fecha de su muerte como Día Internacional para el Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas, en reconocimiento a su labor en la “promoción y protección de los derechos humanos en su país”.

Aunque fue sacerdote de la iglesia católica, otras denominaciones, han rendido tributo a su obra, ya que en julio de 1998 se colocó una estatua de él sobre la entrada este de la Abadía de Westminster, en Londres. Su labor también ha servido de inspiración a líderes de iglesias cristianas.

“Que falta le hace a la iglesia Monseñor Romero, alguien como él que pudiera encarnar y verdaderamente ser la voz de esa iglesia del sur, la voz de esa iglesia latinoamericana”, dijo el reverendo Ricardo Moreno, de la Iglesia Presbiteriana de Pasadena, durante el homenaje a Monseñor Romero en el Consulado General de El Salvador en Los Ángeles. “Esperemos que el pensamiento de Monseñor Romero pueda ser una influencia, una apertura para la iglesia católica latinoamericana”.