Conocer, dialogar y votar

Esta es la manera para enfrentar la desconexión, y la apatía, con los asuntos que nos rodean

Política

Esta semana tuve una larga “conversación” con mi hijo de 17 años acerca de diferentes temas de interés social y público. Y pongo la palabra conversación entre comillas, porque nuestro diálogo se dio al más puro estilo de los tiempos modernos, a través de mensajes de texto. Ambos teníamos tiempo libre en nuestras labores diarias, pero ya que estábamos separados por el espacio decidimos usar la maravilla de la tecnología para embarcarnos en un provechoso intercambio de ideas.

Y luego de discutir sobre diversos temas, la conclusión final a la que arribamos es que los seres humanos estamos sufriendo, como sociedad, de una terrible desconexión con los asuntos que nos afectan. Dicho de otro modo, cualquiera que sea el tópico, léase la economía, el sistema de salud, la inmigración, el matrimonio entre parejas del mismo sexo, la religión, etc., simplemente no estamos suficientemente interesados en conocer los hechos, y en participar activamente en el discurso político.

Y caemos en aquello que señalara Platón: “Aquellos que son demasiado inteligentes para participar en política terminan siendo gobernados por los tontos”.

Y no se trata simplemente de elegir un caballo de batalla y salir mañana a las calles a gritar por aquello que nos apasiona o interesa. La vida con la velocidad con la que se vive actualmente limita nuestra capacidad de maniobra, sin embargo hay pasos simples que se pueden dar, el primero y más importante es estar informado. Un pueblo informado hace difícil el esfuerzo de los políticos de impulsar agendas particulares que usualmente no tienen nada que ver con el interés de los ciudadanos.

Y luego de informarse, el debate de las ideas es fundamental. Y no es difícil, se puede conversar sobre un asunto de actualidad de manera breve con la familia a la hora de la sobremesa, con el compadre con el que se va a ver el partido de fútbol, con la pareja con la que se comparte un café. Lo importante es crear el diálogo, escuchar la opinión del interlocutor y sacar conclusiones. Ni siquiera es necesario que estemos todos de acuerdo.

Otro paso muy importante es el voto, del que tanto he escrito en el pasado. Insisto ahora, si es ciudadano, vote; si no es ciudadano, ya es hora de dar ese paso. El voto cuenta aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

Es fácil y cómodo vivir encerrado en nuestro propio cascarón y dejar que otros decidan lo que es mejor para nosotros, pero no es responsable. No es responsable no sólo por el auto flagelo que nos hacemos, sino porque estamos hipotecando el futuro de nuestra descendencia. Y olvidemos de aquello que decimos muchas veces, “a mi no me interesa la política”, porque como dijo Ghandi: “Cualquiera que diga que no le interesa la política es como aquel que se está ahogando e insiste que no le interesa el agua”.

Es tiempo de informarnos, es tiempo de educarnos, es tiempo de involucrarnos, es tiempo de discutir las ideas, y en su momento, será tiempo de votar.