Indocumentados, ‘atrás de la fila’

Millones de inmigrantes tienen años en espera de la legalización migratoria en una línea estancada

Indocumentados, ‘atrás de la fila’
Residentes legales toman clases para obtener la ciudadanía, estatus legal que les permite legalizar a familiares inmediatos tales como hijos, cónyuges y padres.
Foto: La Opinión - / Aurelia Ventura

Siempre que se habla de la posible reforma migratoria, los políticos de ambos bandos se refieren a que los indocumentados que califiquen, deberán ir “al final de la fila”, detrás de otros potenciales inmigrantes que ya están esperando.

El problema es que no hay una sola fila, sino cinco para los que buscan obtener una “tarjeta verde” por medio de familiares y otras seis para los que lo solicitan por medio de un trabajo. El resultado de la espera generalmente es una tarjeta de residencia permanente que, después de unos años, pueda llevar a la ciudadanía.

Algunas de estas personas esperan en su país de origen, pero muchas otras están aquí, sin papeles o con permisos temporales, viviendo una vida a la sombra mientras las autoridades estadounidenses procesan sus peticiones.

“La idea de que hay una línea y que la gente tiene que esperar ordenadamente es una ilusión”, explica Angelo Paparelli, abogado de Seyfarth Shaw.

“La razón por la cual tenemos a inmigrantes que entran al país sin autorización o ilegalmente es precisamente porque las líneas para inmigrar legalmente son tan largas que empujan a la gente a venirse por la frontera, sobre todo cuando saben que hay trabajos del otro lado o una vida mejor en comparación”, apuntó Shaw.

Lo complicado del sistema de otorgamiento de visas hace que sea muy difícil incluso para un abogado especializado el predecir cuánto tiempo pasará antes que una persona pueda lograr su tarjeta verde. Sólo los familiares inmediatos (cónyuges e hijos menores de edad, así como padres) de ciudadanos, pueden inmigrar rápidamente. El resto, como hijos mayores de edad o casados o hermanos de ciudadanos, tienen que esperar.

Y esos son los que tienen suerte. Hay quienes no tienen siquiera una fila en qué ponerse porque no tienen un familiar ciudadano o residente, ni una compañía que los pida como empleados.

En los últimos años, cambios en las leyes de inmigración han hecho incluso más difícil el ajuste a personas que hayan estado indocumentados en el país por algún tiempo antes de lograr un patrocinador para su residencia.

El largo de las líneas depende en gran medida del país en que la persona nació debido a las cuotas máximas que se permiten de cada país, explica la abogada especialista en inmigración Alma Rosa Nieto, de Los Ángeles.

“Todo depende de la categoría y del país. Si eres de México los tiempos de espera para familiares son muy largos. Un hermano de ciudadano debe esperar 16 años, un padre para inmigrar a un hijo adulto, son 20 años. De Centroamérica se tarda unos 11 años”, dijo Nieto.

“Hay países como la India, Filipinas y México que tienen más inmigrantes solicitando pero las mismas cuotas que países más pequeños. Por eso se tarda tanto”, explica.

Los expertos se preguntan qué significará para los indocumentados que podrían beneficiarse de una reforma migratoria el “ir al final de la fila”, como lo ha dicho el Presidente Obama o lo han planteado los senadores en su marco para una posible reforma.

“A menos que se busque la manera de agilizar las líneas que están esperando y otorgar más visas, la espera para esos indocumentados puede ser de muchos años”, dijo Paparelli. “Nunca van a llegar al final de la fila, en otras palabras”.

La Casa Blanca ha dicho que la idea es buscar la forma de reducir el retraso acumulado para que quienes vengan atrás no tengan que esperar un tiempo extraordinario.

Cecilia Muñoz, asesora de política doméstica de la Casa Blanca y uno de los cerebros detrás del plan migratorio del Presidente Obama que se filtró a la prensa, dijo en un “chat” de Google en días pasados que “no se trata únicamente de que se pongan al final de la línea, sino de hacer lo posible para deshacernos de la línea”.

Eso podría implicar eliminar las categorías y crear una sola línea, añadir una cantidad de visas temporalmente para reducir la espera o aumentar el techo de visas anuales, que actualmente es de 500,000 para familiares y 140,000 para trabajos. Todo dependerá de los detalles de la reforma.

Además, muchos de los que están en la “línea” no están fuera del país esperando, como han dicho Marco Rubio y otros políticos, sino que están dentro del país y son parte de esos 11 millones de indocumentados.