Marchas por la reforma

Inmigración

Las noticias que nos llegan desde Washington son sin duda alentadoras. Tanto en la Casa Blanca como en el Congreso se dice que la reforma migratoria está más cerca que nunca y ello, naturalmente, despierta enormes esperanzas entre millones de indocumentados que ansían poder salir a la calle sin temor a ser deportados, solicitar un trabajo sin tener que mentir e incluso llegar a ser ciudadanos de este país, con todos los derechos y obligaciones que ello implica.

El camino para lograr todo esto, sin embargo, es cuesta arriba. Los expertos en el tema migratorio aseguran que si bien en términos generales existe la voluntad política para aprobar la reforma, falta que todas las partes se pongan de acuerdo en los detalles, por ejemplo, en cuanto a la seguridad en la frontera, el número de visas de trabajo que se concederán y los requisitos que se pedirán para la legalización.

Esto significa que quienes estamos interesados en que la reforma migratoria se concrete no debemos dormirnos en nuestros laureles ni dar por sentado que el proyecto de ley se aprobará sin mayores problemas. Hoy más que nunca es indispensable que la comunidad se una y emprenda acciones dirigidas a presionar a los legisladores que trabajan en la redacción de la nueva reforma, no sólo para que ésta se apruebe sino para que sea una ley justa y amplia que beneficie al mayor número posible de indocumentados.

En Los Ángeles, varias organizaciones comunitarias están conscientes de esta necesidad y por ello se preparan ya para hacer manifestaciones a favor de la reforma. El problema es que, en lugar de unir fuerzas, cada quien rema en diferente dirección. Para el 1 de mayo, por ejemplo, están programadas tres diferentes marchas, una en la mañana, otra al mediodía y la última en la tarde. Y es entonces cuando uno se pregunta por qué no impera el sentido común y se organiza una sola megamarcha que muestre en todo su esplendor la fuerza de la comunidad.

Al parecer, detrás de todo esto hay, como siempre, afanes de protagonismo de algunos líderes o simplemente falta de visión. Ojalá, por el bien de todos los que se beneficiarían de la reforma, quienes están al frente de los grupos organizadores de las marchas decidan trabajar juntos.

La clave del éxito será, por supuesto, la participación de la gente. Si no acudimos a las marchas y mostramos nuestra solidaridad ahora, no tendremos derecho después a quejarnos si los resultados no son los que esperábamos.

Por supuesto, además de salir a las calles, es indispensable llamar a los congresistas, así como utilizar las redes sociales y la internet para exigirles que de, una vez por todas, saquen de las sombras a los 11 millones de indocumentados en el país. Por primera vez en muchos años, las posibilidades de que nos escuchen son reales.