Urgen fondos para víctimas

Hay poco apoyo en California para ayudar a víctimas de delitos violentos
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Urgen fondos para víctimas
David Guízar (Izq) y su hermano, Gilberto Francisco Guzman, asesinado a tiros en una fiesta en agosto del 2012.
Foto: Familia Guízar

Cuando asesinaron a mi hermano a tiros el año pasado, mi primer pensamiento fue perderme en el alcohol. También pensé en la venganza.

Sin embargo logré contenerme. He estado sobrio por casi siete años. He visto lo que puede ocurrir en una familia en un círculo vicioso y destructivo al vivir un trauma. Después de lo vivido, me enteré que es mejor calmarse y centrarse en la curación, no en el dolor.

Mi hermano Gilberto, de 41 años, era padre de cuatro hijos. En agosto fue a una boda en Los Ángeles, cuando de repente llegó un desconocido, intercambió palabras con mi hermano, sacó una pistola y le disparó. Gilberto murió minutos después.

Después de esta tragedia, decidí ayudar a mi familia a obtener acceso a servicios de apoyo para víctimas del crimen. Conseguir esta ayuda del municipio y el estado no es nada fácil. Esto lo aprendimos de manera trágica hace unos años, también cuando mataron a mi hermano Oscar, de 17 años.

Yo sólo tenía 10 años y nadie me dijo lo que pasó. Lo único claro fue que mi familia estaba devastada.

Para mí, Oscar era lo más cercano a una figura paterna. Era mi ejemplo a seguir, y su ausencia me dejó un gran vacío. De adolescente llené ese hueco con alcohol, drogas y violencia. Acepté la violencia como algo normal, ya que crecí con ella en mi comunidad. Muchas personas que cometen delitos también han vivido un mundo rodeado de violencia.

Los problemas de adicción dominaron mi vida, aunque tuve la oportunidad de graduarme de la preparatoria y tomar unas clases universitarias. Mi vida entre los 20 y 30 años estuvo llena de decisiones malas que no me permitieron dejar las drogas o el alcohol.

Finalmente, el 7 de mayo del 2006, decidí hacer el cambio. Una amiga me llevó a unas reuniones y servicios de adicción donde empecé un programa de 12 pasos que me ha mantenido sobrio desde ese día.

Ahora entiendo que me auto mediqué con drogas y alcohol para soportar la muerte de Oscar. Reconocer esto me ayudo a lidiar con la tormenta de su muerte, aunque sea 29 años después.

También aprendí que las víctimas del crimen tienen necesidades a corto y a largo plazo para sanar de manera adecuada. Las investigaciones señalan que la mitad de todas las personas que sobreviven a una experiencia traumática o una herida por un incidente de violencia, tienen dificultades sicológicas y sociales. Esto puede conducir a una serie de problemas que van desde servicios médicos costosos, hasta la pérdida de empleos y vivienda así como adicciones y conducta delictiva.

En el Condado de Los Ángeles se han registrado un promedio de 200 asesinatos en años recientes. Imagínese el efecto dominó que ocurre cuando se multiplica por el número de parejas, padres, hermanos y otros seres queridos afectados por la pérdida (sin contar las miles de personas que sobreviven violaciones y otro tipo de violencia).

Hay muy poco apoyo y orientación para ayudar a las víctimas. Hay menos recursos para víctimas y para la prevención del crimen. En California, la prioridad se enfoca en meter más gente a la cárcel.

No veo a muchas familias como la mía en debates políticos. Por esta razón, me uní a una red de víctimas de delito, Californians for Safety and Justice, entidad sin fines de lucro que apoya la idea de que los sobrevivientes pueden convertir sus experiencias en políticas más inteligentes para mejorar la seguridad pública.

Nuestro primer objetivo es utilizar fondos estatales existentes de víctimas para crear centros de trauma en más ciudades de California, siguiendo el modelo del Centro de Recuperación de Trauma en San Francisco General Hospital.

Dicho centro comenzó en el 2001 para cubrir las necesidades inmediatas de los sobrevivientes, mediante la combinación de la salud mental, la medicina, las leyes y las agencias de servicios sociales bajo un mismo techo. Ésto ha ayudado a que la asistencia del Centro sea más barata que el actual programa de servicio estatal para víctimas.

Los ahorros podrían brindar más apoyo a las víctimas. Asimismo podrían reducir la delincuencia mediante la reducción de la victimización reiterada. También podría evitar que las personas con traumas actúen con violencia contra sí mismos. Esto es especialmente importante para los niños y adolescentes.

Me hubiera gustado que hubiera existido un programa de intervención de trauma en Los Ángeles cuando murió Oscar a mis cortos 10 años o tras la muerte de Gilberto, el año pasado. Debemos ver esto como el primer paso a un camino de apoyo a las víctimas.

No le deseo esto a nadie – el perder a un ser querido a causa de un delito violento – o la destrucción personal que puede causar el trauma, si esto no se resuelve.

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