Nación de contemplaciones

Todos creen tener un motivo para merecer un trato espacial

Sociedad

Nuestra sociedad va en camino al caos, porque nuestra disposición a hacer excepciones para ciertos individuos ha generado interminables quejas y expectativas de que se tiene derecho a muchas cosas.

Permítanme explicarlo.

Mientras completaba mi maestría en Educación Especial, me enteré de que la Ley de Educación para Todos los Niños Discapacitados de 1975 brindaba igual protección a todos los niños con minusvalías.

Esa importante ley abrió puertas para millones de niños que hubieran quedado atrapados en establecimientos especiales para los profundamente minusválidos, a pesar de su capacidad para aprender en un entorno educativo general.

Sin embargo, lo que se inició como una política para acomodar y hacer modificaciones para estudiantes que eran intelectualmente, aunque no físicamente, capaces de aprender se ha transformado en una cultura general educativa de ajustes para prácticamente todo aquel estudiante que lo pida.

En la escuela secundaria, durante la primavera, maestros certificados pasan numerosos días leyendo, en voz alta, a estudiantes habilitados cada una de las preguntas de los exámenes de ingreso a las universidades, tales como el ACT. Muchos de los que toman el examen reciben el doble de tiempo para completarlo.

Ese régimen no se limita a la educación especial. Casi todo maestro de una escuela pública debe manejar una variedad de disposiciones especiales de asientos, exámenes leídos en voz alta, tiempo adicional para completar una tarea e interminables oportunidades para que los estudiantes sigan presentando trabajo y dando exámenes hasta que todas las preguntas estén bien. Los administradores promueven esas medidas para estimular el desempeño de los estudiantes.

Se coloca a todos los estudiantes en la senda a la universidad, pero muchos de ellos no pueden desempeñarse en ese nivel. He visto la lucha de estudiantes con atónitos profesores, que no entienden por qué los alumnos están presentando quejas académicas contra ellos por no permitirles que entreguen las tareas una y otra vez hasta obtener una “A”.

Un día, se requerirá que los profesores los complazcan, como también deberán hacerlo los empleadores, porque parece que los individuos con cualquier problema, especialmente si puede clasificárselo como médico, esperan que se les tenga especial consideración —a veces hasta el punto del absurdo.

Por ejemplo, un oficial de policía de Oregon, que fue despedido por manejar ebrio durante su tiempo libre, en un vehículo policial no-marcado, presentó recientemente una demanda de 6 millones de dólares contra su ex empleador, aduciendo que sus derechos habían sido violados bajo la Ley para los Estadounidenses con Discapacidades (ADA).

Puesto que se reconoce el alcoholismo como una discapacidad bajo la ADA, el ex oficial sostiene que no debería haber sido despedido, aunque nunca procuró tratamiento para esa enfermedad antes del incidente. Uno de sus abogados expresó a The Associated Press: “Como con cualquier otro tipo de discapacidad o enfermedad, deberían haber hecho algún tipo de esfuerzo para tener en cuenta eso, o algún tipo de esfuerzo para trabajar con él, y no simplemente cortar todo lazo.”

Los tribunales deberán decidir si su caso tiene fundamento, pero la Comisión de los Estados Unidos para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo proporciona una hoja de datos que describe un ejemplo similar, en el que un alcohólico fue despedido en forma justa.

No estoy sugiriendo que el alcoholismo no pueda manejarse —los que lo superan pueden ser miembros productivos de la sociedad. Estoy diciendo, sin embargo, que no es correcto aducir una enfermedad como motivo de una conducta que coloca a los demás en peligro y después protestar cuando se toman medidas para evitar esa situación en el futuro.

Pero ésa no es la esencia de nuestro país. Queremos toda ventaja que podamos obtener. Cada uno piensa que merece un privilegio especial y poco importa que no sea beneficioso para nosotros, o para otros, a largo plazo, ni si se lo obtiene a costa de los que legítimamente lo necesitan.

Apache ASL Trails, un complejo de viviendas subsidiadas en Tempe, Arizona, creadas para ancianos sordos o con problemas de audición, está bajo el ataque del Departamento de Desarrollo Urbano (HUD) por favorecer a estos individuos por sobre otros solicitantes, que no tienen esas discapacidades o ninguna otra.

¿Quién presentó una queja ante HUD por no obtener un lugar en ese complejo? Nadie lo sabe. Pero como resultado, informa The New York Times, Apache ASL Trails y otros complejos residenciales para gente con complicadas necesidades médicas temen que toda ayuda financiera federal que acepten para servir a esas comunidades venga con la posibilidad de que se los acuse de discriminar contra los sanos.

Si todo esto parece ridículo o desatinado, más vale que se vayan acostumbrando. Estamos viviendo ahora en la Nación de las Contemplaciones, un lugar donde los únicos que no reciben favores especiales son los que se pronuncian contra la idea de que todo el mundo tiene derecho a un trato especial.